miércoles, 11 de diciembre de 2013

Pañuelito reparador

En el Bar Savoy, Balcarce, provincia de Buenos Aires, Argentina, existía una mesa donde, por algún extraño conjuro, todas las parejas se sentaban para separarse. De cada ruptura, de cada pareja, poca cosa quedaba: dos tacitas de café tibio y lágrimas. Lágrimas de hombre, lágrimas de mujer, lágrimas de hombre y de mujer.

Chuleta, el mozo, levantaba las tazas, limpiaba la mesa, pero le daba cosa pasar su mugroso trapo rejilla por las lágrimas, y las secaba con su pañuelo de saco. Así, este pañuelo acumuló muchísimas lágrimas de ruptura que le confirieron un inmenso poder: podía reparar cualquier cosa rota que tocara. 

Muy pocos sabían de la existencia de este pañuelo. Un día, el Turco Alcoyana me avisa que Chuleta quería hablar conmigo. Nos encontramos en la vereda del Savoy. Chuleta me lleva al frente de la Casa Boo y me cuenta:

-Bueno pibe, el Turco ya te habrá hablado de este pañuelo reparador. Te cuento rápido la historia. Me di cuenta de su poder cuando advertí que si ponía los billetes de propina en el bolsillo del pañuelo, cuando los sacaba al terminar la noche estaban impecables, siendo que, como todos sabemos, la gente deja de propina el billete más maltrecho [1] que tiene. En un principio me pareció divertido, no tenía idea de la dimensión del poder del pañuelo y lo usaba para boludeces; para arreglar las asas rotas de las tacitas de café, para reparar los vasos rajados y cosas así. Un día le reparé una rajadura en la tapa de cilindros del Valiant a Marmorato y me empecé a asustar.

-Pero eso es fantástico!

-Si, sin duda es fantástico, pero eso no siempre es positivo. Me entusiasmé, usé el pañuelo desmesuradamente; comprobé que podía reparar cualquier cosa, material o no, y me di cuenta que eso no era bueno: no tenía miedo de romper nada, porque podía reparar cualquier cagada que hiciera. Y sabés una cosa pibe, es muy difícil vivir sin miedo. El miedo te moviliza. Sin miedo todo se vuelve gris clarito, casi blanco. No podés ser guapo ni cagón. La vida se te vuelve una sucesión de continuos y ahí estoy yo inmerso con mi esposa. Sin miedo a perderla voy dejando de amarla. No la celo, porque no temo perderla; tampoco la extraño, porque extrañar también exige miedo. Quiero amarla o dejarla, pero no puedo lograr ninguna de las dos cosas. Cada vez que intento rajarme de casa, al verla llorar agarro el pañuelo y todo vuelve a comenzar. Así, este fantástico pañuelo de mierda me fue encerrando y es mi condena. Lo lavé con agua, lavandina, aguarrás y nada ¡Su poder permanece intacto pibe! Intenté romperlo, quemarlo, pero no hay caso, se repara solo y aquí está, siempre listo para seguir reparando todo, aún aquello que no hay que arreglar!

El mozo balcarceño se queda callado un instante y termina: -Te conté todo esto porque no quería engañarte y quería que supieras la verdad de este pañuelo. Te cité porque Alcoyana me contó que sos mago y creo que te vendría bien para tus presentaciones. Si lo querés, es tuyo. Te lo voy a agradecer toda mi vida.

Me dio miedo y no supe que hacer. Le dije –Gracias Chuleta, lo voy a pensar. Le di un abrazo y me fui caminando y pensando para casa. Saco las llaves del bolsillo de la campera y cuando voy a abrir la puerta veo que mi viejo y cachado llavero ¡estaba impecable! Reviso en el bolsillo… y encuentro el pañuelo! 

Así fue como Chuleta me endosó este pañuelo de mierda. A veces lo odio, pero a veces hasta le estoy agradecido. Muchas veces intenté borrar todo rastro de este cuento, pero otras tantas lo recuperé con el pañuelo, porque me dio miedo de no escribir nunca más otra cosa. Ese miedo me tranquilizó. Algo había cambiado.

Enrike 2013.

Nota: Este cuento es un desprendimiento de un guión de un juego de magia que ya representaremos en Letra y Música cuando SyZed termine el tema: “Dame miedo, mi pañuelito reparador”

[1] Es el billete que queda en el exterior del grupo de billetes;después de ordenarlos por valor, cabeza con cabeza y los más rotos afuera. Esto hace un amigo mío, que también esconde el cambio para no se lo vea el kioskero!!!

lunes, 4 de febrero de 2013

Plaza Tito García

Tito García no sabía que hacer con su vida, y por eso hacía nada. Su infancia fue fácil. Tenía que ir a la escuela y allí iba. Su adolescencia también pasó bastante bien. Tenía que ir a la escuela a la mañana y algunos días a educación física por la tarde. Eso era todo, y eso hacía. La vida se le complicó cuando terminó la escuela: debía decidir si trabajar o estudiar. Esto era demasiada decisión para él; entonces no decidió, o decidió no decidir: decidió esperar. Esperaba y esperaba que algo ocurriera, que alguien lo obligara a hacer algo; pero nada, nadie le hacía nada. Nada, ni un acto perverso que generosamente lo perturbara un poco.

Una tarde de un abril, Tito esperaba tranquilo en una plaza, sin desesperar, con la esperanza lábil de quienes esperan nada, cuando de pronto se encontró en medio de una manifestación: una multitudinaria marcha por los derechos de los daltónicos. Las demandas eran razonables y apuntaban a conseguir un trato justo e igualitario. Pedían que la televisión vuelva a ser en blanco y negro para tod@s; cambiar las luces de los semáforos por letras “¡pará che!”, “¡guarda!” y “dale nomás”, que se incluya en cada tomate una barra indicadora de su nivel de maduración, y que se prohíba el pelo color zanahoria y pelirrojo en las mujeres de más de 50; también el spray y el uso de paraguas.

La manifestación se desarrollaba normalmente, pero de pronto comienza una violenta represión, palos, golpes, empujones, gente arrastrada de los pelos que se resiste a subir al móvil policial. En ese revuelo, una bala perdida y Tito queda tirado en el piso bañado en sangre. Los manifestantes creen que son manchas  de pasto por los arrastrones y lo dejan ahí, hasta que un infiltrado advierte que se estaba desangrando y llama una ambulancia. Cuando llega, Tito ya está muerto, envuelto en pancartas verdes, rojas y grises.

La policía revisa su teléfono celular y encuentra que tenía sólo 3 contactos: Mamá, Papá y Edelap. Su mamá no contesta, tampoco su papá; habían fallecido  2 años atrás en un accidente. Edelap, notablemente acongojado, contesta: “Al día de la fecha no registra deuda por consumos ni servicios”.

Su cuerpo es velado 5 días en el salón rojo punzó de la Asociación Daltónica Argentina. En los diversos actos realizados en su memoria, muchos amigos  cuentan que extrovertido que era, otros aseguran que era muy introvertido y que era un excelente deportista, aunque no practicaba deportes. Tod@s destacaron su gran sensibilidad social, su preocupación por las minorías y los oprimidos, y el levante que tenía con las mujeres. En fin, un pibe con un gran porvenir por delante. Su muerte fue una gran pérdida para la sociedad.

Tito es instituido como un mártir. Le ponen su nombre a la plaza Sargento García donde murió; se levantan capillitas en todas las plazas redondas del país, donde aseguran produce milagros y te ayuda a salir de la plaza en la derivación correcta y deseada. Es habitual ver a los automovilistas que no pueden salir del círculo, dejar como ofrenda tomates y alfajores “capitán del espacio”. Los peatones que no pueden cruzar y quedan allí atrapados, venden en las capillitas muñequitos, estampitas y el chupetín milagroso frutilla-menta de Tito García.

Las virtudes y los poderes de Tito se incrementan día a día. Pueden encontrarse capillitas en todo Latinoamérica, y también pastores especialistas en su fe.

Tito no sabía que hacer con su vida. Supieron que hacer con su muerte.

Enrike 2013.

viernes, 25 de enero de 2013

Saltimbaya fornicadora

Ulises Garsú, ya de niño, pintaba para científico. Garsú es un tipo curioso, curioso de caso curioso y curioso de tener curiosidad. Exploraba cuanta cosa le parecía curiosa y todo le parecía curioso. Qué curioso, ¿no? En esta búsqueda descubrió una nueva especie balcarceña: la saltimbaya fornicadora, también conocida como garsusius fuckingbugsis. 

El niño Ulises, dando vuelta macetas para sorprender caracoles babosas, bichos bolitas y otras alimañas amigas de la humedad, descubrió un animalito parecido al bicho bolita, pero con menos patas, parecido a la lombriz pero con más patas y con algo de caracol pero con menos vueltas. Digamos que se parece a tantos, que no se parece a nadie, como los bebés recién nacidos. Tal como ocurre en este último caso, es vital encontrar algún parecido; digamos entonces que es igualito a una salamandra chiquita un poco alombrizada.

La característica distintiva de este animalito es que está todo el tiempo fornicando, aun mientras duerme, lo cual lo vuelve muy interesante para niños observadores en edad de observar. La saltimbaya fornicadora fornica de a pares, aunque no es raro encontrarlas haciéndolo en grupos reducidos, de no más de 15 o 20. 

El científico balcarceño descubrió, ya de grande, que este comportamiento se debe a que cada saltimbaya no es completa y no puede sobrevivir sola. En el contacto íntimo, una saltimbaya obtiene de la otra las substancias necesarias para la vida, que su cuerpo no produce. No todas las saltimbayas son iguales, cada una produce distintas substancias y por eso suelen fornicar entre varias para obtener todo lo necesario. En este caso, se forman esos arreglos grupales que un ojo superficial puede interpretar como simples orgías. También existen casos donde un espécimen de saltimbaya se complementa perfectamente con otra y se mantienen fornicando entre si. 

Ulises especuló que con semejante actividad sexual, la reproducción de estos animales debería ser descomunal, pero observó que presentan una muy baja tasa de natalidad. El apareamiento no se produce en el acto sexual sino -por el contrario- cuando dejan de fornicar y se miran a los ojos. Curioso, ¿no?

Enrike, 2013

martes, 6 de noviembre de 2012

Pintura de nada

En los 80, Ulises Garsú, célebre científico y farmaceútico balcarceño, desarrolló una pintura de nada. Su invento surgió con la intención de perfeccionar el “liquid paper”, un producto muy utilizado en aquellos años para “corregir” errores de escritura. Como todos saben, este líquido es una simple pintura blanca que tapa el error y uno escribe arriba. Garsú no podía tolerar semejante porquería y dedicó sus noches de guardia a desarrollar una pintura de nada. Esta pintura se aplicaba sobre el error y lo tapaba con nada: la hoja quedaba intacta como antes de escribir. Una verdadera maravilla.

La pintura Garsú corregía errores en papel y eliminaba manchas de birome, café con leche, vino y choripán, entre otras. La pintura tenía muchas aplicaciones; por ejemplo Soguita siempre llevaba un pañuelo embebido en pintura de nada, y en cuanto lo apuraba un uniformado, lo pasaba sobre sus anotaciones quinieleras e instantáneamente quedaba nada. Los pibes en la escuela boludeaban con la pintura y borraban los tallados de los bancos. Los pupitres quedaban impecables, todos iguales, todos con nada.

En el prospecto adjunto a la botellita de pintura de nada se detallaba cuidadosamente el modo de uso y alcances, previniendo expresamente que sólo podía utilizarse sobre tela o papel. Los problemas aparecieron cuando la gente comenzó a experimentar sobre otras superficies y objetos.

La pintura sólo tenía efectos sobre cosas inanimadas, pero por alguna extraña razón sí funcionó sobre la Sra. de Pilitegui, quien se borró las arrugas de la cara. Las arrugas desaparecieron, pero tuvieron marcárselas con fibra indeleble, porque en lugar de las arrugas quedó nada: era imposible saber si la Sra de Pilitegui estaba enojada, triste o sonriente.

Algunos sostenían haber conseguido aplicar la pintura sobre recuerdos. No los tapaba por completo, pero diluía amores a anécdotas, anécdotas a imágenes e imágenes a nada.

La pintura nos mostró una verdad inapelable: cualquier cosa que analicemos está bien para alguien y mal para otro. Así, Otro tomaba pintura y la cubría con nada. Algo que para nosotros está espectacular sin duda es considerado un error para otro. El banquito pedorro que hicimos con nuestras manos, será un valioso tesoro para nosotros, pero un error -una porquería- para un garca de traje. El nombre tallado en el pupitre era valioso para alguien, pero una inmundicia para la directora, quien lo tapó con nada. El precioso valiant de Marmorato era considerado una porquería por el Dr Pilitegui, que en un acto de crueldad infinita lo convirtió en nada mientras los muchachos estaban en un partido de la liga infantil.

Los muchachos del Alas no utilizaban mucho la pintura porque están bien orgullosos de sus errores; pero es honesto reconocer que algunas veces salieron con tachos de pintura de nada e hicieron alguna macanita. No dejaron ni una placa de bronce en las paredes del pueblo y en respuesta al acto de Pilitegui, le borraron la puerta de la caja fuerte y los picaportes de su Mercedes Benz.

Como todo es un error para alguien, la nada se fue apoderando de todo. Una nada sin alma, que se propagaba a través de gente común -ni mala ni buena- que oficiaba de vectores. De a poco sólo quedó nada. Todos vivíamos deambulando por la nada. Nada pasaba y nada podía pasar. Algo más monstruoso aún: mucha gente se sentía tranquila y segura en este estado.

Garsú advirtió la cagada que se había mandado. Utilizó la pintura de nada que le quedaba para borrar todas las anotaciones que pudieran ayudar a reproducirla y pintó todo el equipo de producción de la pintura. Borró así todo vestigio de la pintura de nada, que quedó reducida a nada. Restaba la tarea más formidable, la más heroica nunca realizada: obtener algo de la nada. Garsú trabajó incansablemente en la búsqueda de un antídoto, una pintura que removiera la pintura de nada y dejara lo original. Por suerte funcionó  y volvieron a nuestras vidas las cosas, cosas que son bellas y necesarias para nosotros y consideradas errores por otros.

En un principio, tal vez medio pirado por el esfuerzo, Garsú se instituyó como un diosito y comenzó a aplicar su removedor de nada sólo donde él quería. Les cuento que Balcarce, visto con ojos de muchacho del Alas estaba precioso, pero los mismos muchachos lo convencieron para que dejara todo como estaba antes de su invención. Tranquilo y descansado, Garsú admitió que la filosofía del liquid paper no es tan mala: tapa, pero lo original queda. Aquello que surgió de nuestra primera intención permanecerá allí abajo, aletargado, esperando que algún revisionista raspe prolijo lo evidente para que aflore lo subyacente; mostrando que lo desechado no estaba tan mal; que hay errores bellísimos; que muchos errores nos llevaron por caminos que nunca se nos hubiera ocurrido transitar con la razón y la experiencia; que los hemos tapado precisamente por eso, porque no acuerdan con la razón: son dislates que no podríamos explicar. Muchas cosas que en su momento consideramos errores, hoy forman parte de nuestros aciertos. Descubrimos también que la mejor decisión no siempre es aquella que se puede justificar con la razón. Eso sólo sirve para tener alguien o algo a quien culpar si todo sale mal, pero no es suficiente; y nos priva del abanico de decisiones irracionales, de las contrainductivas, de las pasionales, de las locas, de todas estas que nos sacan de la autopista para hacernos felices. ¡Aguanten los errores! ¡Aguante fallar!


PD: “Aguante fallar” es frase de Joako Spinelli. Considérese este texto como una interpretación.

Enrike, 2012.

domingo, 3 de junio de 2012

Bien Cortos #1. Para vagos y ansiosos

uno
Nacieron en Balcarce, el mismo dia, en el mismo Hospital, se llamaban Alberto y Alberto. El apellido del primero era Diaz y el del otro Diaz. A uno le decían Tito, al otro Tito. Tito era más bueno que el arroz con leche, pero Tito era flor de hijo de puta. Eran amigos, pero un día se pelearon mal. Terminaron internados en el mismo neuropsiquiátrico.


dos
Se movía tan natural desnuda que parecía haber nacido así.
Dormía como gestándose, para nacer en cada despertar.
Un día una, otro día otra. Todas ella.


tres
El tipo harto de su vida sale a buscar la muerte y justo se encuentra con un chorro que lo quiere afanar. Aprovecha, y le dice que no le va a dar nada a menos que lo mate. Resulta que el chorro era la parca misma que le contesta: “No te voy a matar porque de todos modos me darás nada”.


cuatro
Eh! ¿Así que sos ecologista y progre? Andá! Tu jardín luce bastante miliquito. ¿Qué pasó con los cardos y las pajas viscacheras? ¿Se autoexcluyeron o los hiciste cagar? Cómo puede ser que los rosales broten en línea sin molestar al césped inglés? ¿Eso es natural? Ves, a veces no hace falta revisar el closet ni el facebook, basta con mirar el jardín! … y yo sólo quería ver el jardín!


y cinco.
Complacientes.
-Hola Dulce ¿Cómo estás?
-Ya sabés Bombón; yo estoy bien si vos estás bien ¿Vos como estás?
-Yo también estoy bien si vos estás bien, pero vos… ¿Cómo estás?
-No lo sé. Dale, decime como estás vos, así puedo sentirme ¿Cómo estás?
-¡Ah no! ¡Turra egoísta! Decime de una vez como te sentís VOS, así puedo saber si YO me siento bien o mal.
-¡Eh! ¡Forro hijo de puta! ¡VOS tenés que decirme como te sentís, que hace rato me tenés acá sin saber como sentirme!
-¡Andá a cagar, loca de mierda!
-¡Pero sí! Y vos andate con tu vieja ¡Pelotudo!


Enrike 2012.

lunes, 7 de mayo de 2012

Historias de Otros 1. Rito Futbolero


Siempre me gustó escuchar conversaciones ajenas. En el micro, en el bar, caminando, en los locutorios. Así he recolectado varias historias que me han disparado cuentos. Trato aquí de perdurar una historia que hurté en el Bar Savoy, unos meses antes de su cierre definitivo.



Rito futbolero 

Con mi Viejo tenemos un rito desde siempre: todos los domingos, que también han sido sábados, nos juntamos a ver los partidos de San Lorenzo. La ceremonia fue cambiando en la búsqueda de mejores resultados, hasta que finalmente adoptamos la combinación que nos permitió ascender en el 82: empanadas de M&P, Coca-Cola en envase de vidrio y helado de Gianelli. Algunas temporadas, aún desplazándonos fuera de nuestros dominios, nos costó conseguir algunos de estos suministros, y tuvimos que reemplazarlos. Esta es la única causa de algunos nefastos partidos, como cuando tomando coca-cola en envase pet no logramos impedir el 0-4. El trasvasado a botella de vidrio nunca funcionó.

Estoy seguro que mi viejo me hizo de San Lorenzo, pero creo que yo luego lo mantuve cuervo; y en gran parte por esta comunión de empanada semanal. Es un rito que mi viejo parecía disfrutar conmigo, que a mi me encantaría disfrutar con mis pibes y que me gustaría observar en mis nietos.

El rito tenía mucho de liturgia, mucho de obsesión, algo de oscurantismo, pero nada de secreto. Todos en la familia conocían de esta ceremonia y mi esposa tomaba como algo natural, que yo viajara todos los domingos de Balcarce a Mar del Plata a visitar a mi papá. Así, en una época viajé religiosamente todos los domingos que pasaba religiosamente encamado con una morocha amiga. Con ella pasaba domingos sin tristeza, sin angustia, sin presión. El mundo terminaba en ese departamentito de Colón, que no podía atacarme y hasta me contenía. Por momentos hasta me creí feliz.

Esa tarde dominguera transcurría como siempre, con intervalos de actividad y de calma. Llegada la nochecita me acordé de mi viejo y me inundó la angustia, como si toda la tristeza de domingo se concentrara en un instante y en mi pecho. Viejas tardes de partido me pisoteaban todas juntas. En un momento la angustia fue tan grande, tan desesperante que necesitaba aire, necesitaba salir y le dije: -Negra, es tardísimo, me voy a tener que ir, mi mujer puede sospechar. Me abre la puerta de abajo, doblo la esquina y empecé a correr, y corrí, corrí como un perro que escapa, como un matungo que necesita sudar la falopa que tiene encima, como un toro que quiere enfrentarse a si mismo ...y corrí, y corrí y corrí y no me calmaba.

Corrí 10 cuadras, 15, corrí 17 y llegué. ¡Llegué Viejo, llegué!, ¿Ya empezó? -Está por arrancar, agarrá de humita que están buenísimas. -¡Excelente! No sabés Viejo, ¡puta madre casi no llego! ¡Se rompió el micro por El Coyunco! 


Enrike 2012.

jueves, 5 de abril de 2012

Paredes enamoradas

Hace muchos años que Soguita vive una habitación de cuatro paredes. Dos de estas paredes, que son opuestas, están enamoradas. Parece que el romance comenzó un invierno lluvioso que Soguita colgó un cordel de pared a pared para secar la ropa. Vaya a saber que cosas intercambiaron estas paredes durante ese invierno. 

Cuando llegó el verano, Soguita retiró el cordel y de ahí en más sólo podían mirarse, percibirse, pero estaban imposibilitadas de trasmitir emoción alguna. Intentaron comunicarse con manchas de humedad, pero el proceso era muy lento. Durante años sólo consiguieron decirse “sos mi sol”, “vos apartás las nubes de mi cielo” y algo que parecían ser lágrimas. Luego de un tiempo, las paredes enamoradas descubrieron cómo comunicarse mediante las paredes intermedias, que oficiaban de mensajeras. Aquí comenzó el quinielero a escuchar las conversaciones en el respaldar de su cama, que apoya en una de estas paredes de tránsito.

Ambas paredes nacieron el mismo día con diferencia de apenas una hilada; ambas de igual material y producidas por las manos del mismo albañil: las dos parecían ser la misma cosa y es difícil creer que tuvieran algo para decirse. A través de las escuchas, Soguita descubrió que eran muy distintas; una pared daba al norte y la otra al sur, lo cual fue la impronta de sus vidas. La pared sur sabía de sol, de visitas en su ventana, de veranos, de inviernos. Los días de la pared norte eran opacos; ella sabía de humedad, de musgos y de caracoles babosos; todas cosas deslumbrantes para su amada pared sur.

En un  principio el quinielero pensó que las conversaciones que escuchaba pasar por el respaldar de su cama eran producto de la ginebra, pero no: con vino o con gancia percibía las mismas charlas. Pensó entonces en dejar la bebida, pero no encontró razón para hacerlo; pues disfrutaba tanto de tomar como de las conversaciones entre sus paredes. Cuando le contó a sus amigos sobre las conversaciones que escuchaba, los muchachos del Alas no dudaron un instante y se pusieron a trabajar. Si, a trabajar.

En sólo dos días y 6 asados, los muchachos demolieron dos paredes, identificaron cada ladrillo de Norte y la reconstruyeron en esquina con Sur. La noche que terminaron la obra, tiraron colchones al piso y se quedaron todos a dormir en la pieza de Soguita, ansiosos por escuchar la conversación entre Norte y Sur. Para mejorar sus cualidades perceptivas se aplicaron generosas dosis de ginebra, gancia y vino El Zaragozano.

La charla entre paredes se inició a medianoche. –Sabés una cosa, ya no me interesás, estoy enamorada de Oeste.  –Esta todo bien, yo no sabía como decírtelo, pero estoy saliendo con Este.


Enrike en colaboración con Sy Zed, 2012

miércoles, 7 de marzo de 2012

Patio de malvones

Otra mudanza. Otra vez me encuentro en una casa en blanco. Bueno, en realidad, no tan en blanco, no tan sin vida. La recorro e intuyo su historia; reconozco territorios de niños, territorios de comida, de mate y de intimidad. Las huellas y la mugre localizada me permiten conocer donde estaban los muebles, por donde se vivía fuerte y por donde apenas se transitaba.

La casa no está muerta pero si dormida, inconsciente. Esta sensación cambia cuando llego al jardín. Allí encuentro, alineaditos en un cantero, un prolijo grupo de malvones que parecen preparados para una requisa, tal vez temerosos de que la nueva dirección imponga cambios botánicos drásticos. Estos malvones son una isla de vida inmersa en un indiferente y sórdido yuyal.

Me quedo un rato husmeando la memoria de la casa y me voy completo de sensaciones propias y apropiadas. Regreso el día siguiente con ganas e instrumentos de limpieza. Salgo al jardín y advierto que ¡hubo fiesta! Los malvones estallaron en semillas, en flores, en colores y en aroma. Es sólo aroma a malvón, el único que saben producir estos malvones, pero ese olor se interna en mi memoria y me conduce a una iglesia. Allí soy un pibe chiquito de la mano de mis padres, caminando lento por el lateral de los santos.

Mi mamá enciende una vela, mi papá va al confesionario y yo me quedo mirando velas y flores. En un florero hay unas flores coloradas con una fragancia muy particular, que dispara mi imaginación y me lleva a verme adulto, padre, iniciando una casa con patio de malvones.

Enrike 2012.

lunes, 6 de febrero de 2012

Una mujer en Balcarce

En abril del 70 había sólo una mujer en Balcarce. Nunca se supo con claridad las causas de esta catástrofe, pero seguramente tuvo que ver con la oferta laboral de las procesadoras de pescado de Mar del Plata, la falta de alguna cosa o la abundancia de alguna otra. El asunto es que en todo el pueblo había una única mujer.

Era la más linda, la más simpática, la más inteligente, la más sensual. Era única e incomparable. Se llamaba Elvira, todos la amábamos y ella lo sabía.

Podía elegir a quien quisiera, pero en todo Balcarce no existía el hombre que ella buscaba. Debía ser brillantemente inteligente y deportista destacado; canchero, lindo y fiel; tener muchos amigos pero estar siempre con ella; debía ser poeta y vigoroso; padre responsable y aventurero; un tipo sensible que se llevara el mundo por delante.

Estaba claro que la pareja para Elvira no existía; por eso la compuso con varios hombres. El Doctor Garsú componía el inteligente, Alcoyana el poeta, Romualdo el sensible y así, con varios más armaron el hombre de Elvira, quien disponía de ellos a su antojo.

De todos modos, Elvira nunca se sintió conforme, y luego de un tiempo se dio cuenta que su pareja debía también incluir alguna mujer. Esto no fue posible, y un domingo de mayo se fue del pueblo insatisfecha.

Enrike 2012.

jueves, 26 de enero de 2012

Presente continuo

En el club Alas Balcarceñas se vive en un presente continuo o, según los otros, en un pasado continuo. Como ya se ha dicho: en el Alas, el futuro ya pasó.

Acorde con esto, las acciones de los muchachos sólo pueden describirse correctamente en presente continuo. Los muchachos están tomando un vino. Los muchachos están jugando al truco. Alcoyana está pensando. Si Alcoyana pensó, no nos importa, sólo nos interesa las consecuencias que esto tiene en nuestro continuo presente, que seguramente se están manifestando en lo que Alcoyana está pensando. Por eso mismo sí valoramos los recuerdos. Este simple detalle es toda una filosofía de vida que nos lleva a vivir en presente continuo o, siempre que se pueda, en presente fuerte, que consiste en las sorpresas. Estas gratas situaciones no fueron programadas, es decir no tienen conexión con el futuro, ni pueden predecirse a partir de la información disponible, es decir tampoco tienen que ver con el pasado.

Como dice el Turco: “No hay que vivir de recuerdos, hay que vivir para producirlos”. Es decir, hay que vivir intensamente de modo que las anécdotas y los recuerdos ocurran. Tampoco hay que andar a lo loco, jugando al ring-raje y gritando en la calle, sólo para generar anécdotas.

Los muchachos la tienen clara, pero siempre aparece un ajeno que no entiende: 

-¿Van a hacer un asadito?

-Disculpe Don, pero no entendemos su pregunta.

-Veo que están prendiendo el fuego, por eso les pregunto si van a hacer un asadito.

-Marmorato ya lo miró fiero y con el fondito de calma que le quedaba le repitió: -No entendemos su pregunta.

El tipo algo asustado intentó: -¿Qué están haciendo?

-Ah!, estamos prendiendo el fuego, estamos charlando, estamos tomando un vino y estamos siendo molestados por un pelotudo.

-Disculpe Marmorato, sólo quiero saber si está aquí el poeta Alcoyana.

-No está. Está asistiendo estratégicamente al Mirlo, quien está corriendo corderos pasando el cruce.

-No sabe a qué hora vendrá?

Eso fue el baldazo que rebalsó la tacita de café. No querrán saber lo sucedido.

Enrike 2012.

Sobre la lateralidad de los sentidos

Ciencia y Tecnología
Lateralidad de los sentidos


Científicos recontranorteamericanos demostraron la lateralidad del olfato. Curiosamente los nervios olfativos no se cruzan, es decir la fosa nasal derecha va al hemisferio cerebral derecho y la fosa nasal izquierda al hemisferio izquierdo. Los demás sentidos sí van cruzados. Las percepciones de nuestra inquieta mano derecha son procesadas en el lado izquierdo del cerebro y las cachetadas, que generalmente recibimos del lado izquierdo de nuestro rostro, van para el hemisferio derecho.

Todo esto es tan anatómico como aburrido. El punto interesante es que el olfato tiene una marcada lateralidad. Así, el olfato emocional viene por la fosa derecha y el olfato racional por la izquierda. Si entramos a una cocina y olemos exclusivamente por la fosa nasal izquierda podemos asegurar que hay olor a comida con carne y vegetales. Si lo hacemos con la derecha percibiremos un hermoso aroma que nos transportará a esas mañanas donde el estofado hervía por horas, dándonos tiempo para varias incursiones de pan mientras la abuela Teresa miraba para otro lado. Si bien el estofado de hoy seguramente está basado en una despreciable lata de salsa, igualmente nos arranca un lagrimón. Si nos ponemos muy emotivos no hay problema, tapamos la fosa derecha y sólo percibiremos olor a benzoato sódico.

Esta información llegó al Dr. Ulises Garsú, quien no se quedó con esto y extendió su investigación de lateralidad a todos los sentidos, recolectando datos en busca de acuerdos y absurdos en esta teoría. Garsú validó científicamente el conocido dicho popular: “Desconfiado como gallo tuerto”. No sólo aportó el basamento téorico a este dicho, hasta entonces apenas apoyado en observaciones dudosas e incomprobables, sino que estableció interesantes precisiones. El científico balcarceño demostró que efectivamente todos los gallos tuertos son desconfiados y encontró que todos son tuertos del ojo izquierdo. Ustedes se lo preguntarán y por supuesto que Garsú se lo preguntó antes, ¿Cómo puede ser que todos los gallos sean tuertos del ojo izquierdo? Bien, Garsú demostró que no es un tema de lateralidad de los accidentes sino de selección natural. Los gallos quedan tuertos del ojo izquierdo o derecho con igual probabilidad, pero sólo los tuertos del izquierdo (los desconfiados) sobreviven. Los tuertos del derecho son una especie inestable de corta vida y muy difícil de hallar.

Se plantean aquí dos formidables enigmas: ¿Por qué ser racional conduce a ser desconfiado? ¿Por qué los confiados no sobreviven? Dicen que Ulises tiene precisas respuestas a estos interrogantes, pero son tan desesperanzadoras y su conocimiento puede tener consecuencias tan nefastas, que Garsú ocultó los resultados de sus investigaciones en una especie de caja de Pandora: una lata de leche Nido fondeada en el arroyo El Pantanoso. De este modo transfirió su decisión al azar y al destino. Si se encuentra la lata antes de su deterioro, estos escritos se conocerán, de lo contrario serán apenas pulpa de papel en aguas de peces analfabetos.


Enrike 2012

sábado, 14 de enero de 2012

Pizza Mandala

Los muchachos del Alas Balcarceñas siempre salieron muy poco fuera de su club, pero solían ir al bar de Moschetto y a la pizzería “Don Nicola” de Merlo. Ellos habituaban estos lugares porque eran de esos negocios personales, que  con su personalidad alimentan a la esencia de un pueblo. A su vez, un pueblo es el único hábitat posible para estos sitios. Aquí, las cadenas y las franquicias no funcionan[1] porque no tienen personalidad y no puede ser de otro modo, pues no tienen personas: tienen CEO, pizzero junior, pizzero senior y pizzero despedido. En estos lugares todo es siempre igual y algo que no cambia es la nada. Por el contrario, cada pizza Don Nicola es única, irrepetible y un claro reflejo del estado de ánimo del pizzero en ese instante. Son fotos de su alma.

En las cadenas, el cliente promedio tiene razón. En Don Nicola, el amigo es quien tiene razón. Yo mismo vi a Marmorato sacar a patadas en el culo a un cliente que pidió cerveza -¡Cómo va a tomar cerveza con pizza Don Nicola! ¡Sacrilegio! [2]

A los muchachos les agradaba esta pizzería porque Merlo, su dueño y pizzero, es inquieto como Marmorato, personas que no se conforman con lo clásico y establecido. Este célebre pizzero balcarceño inventó la pizza rellena, la pizza enrollada y siempre fue por más. Tan es así que en un momento ya no hizo más pizzas sino mandalas, la masa era sólo una excusa, un sostén, un soporte para su expresión, que fluía a través de estas obras geométricas.

Como dice wikipedia, los mándalas son diagramas o representaciones esquemáticas y simbólicas del macrocosmos y el microcosmos. Son obras de tipo geométrico, en general circulares o cuadradas, aunque Merlo también las exploró triangulares, cilíndricas, lanceoladas y sagitadas Las preparaba con rodajas de salamín, morrón, aceitunas y aquello que tuviera a mano. Todo precisa y prolijamente posicionado, inclusive cada una de las hojitas de orégano, que disponía en perfecta simetría. Por supuesto que demoraba muchísimo, pero esto no era ningún problema para los muchachos, que valoraban el arte de su amigo. Además, Merlo demoraba mucho en preparar las pizzas, pero mucho más demoraban ellos en pagarle.

-Eh Nicola, ¿cómo se te ocurrió esto de los mandalas?
-Ejem, “mandala” en sánscrito significa “círculo sagrado” ¿Que más sagrado que esta pizza que estoy posando en vuestra mesita, que será compartida entre amigos, como hostia consagrada de muzzarella y regada con moscato Crotta? Esta obra contiene mucho de mí, es casi yo y pasará a formar parte de vuestro cuerpo. Soguita se quedó pensando un poco, tal vez algo impresionado, pero Marmorato y Alcoyana asintieron con la cabeza sin parar de devorar mandala y escupir carozos a la vereda.

-Me alegra mucho que les gusten mis obras. No se si será porque estos mandalas lo merecen, o porque me aprecian. En cualquier caso ¡me alegra mucho!

Cómo toda obra de arte, los mandalas permitían pispear el estado de ánimo del artista. Si aparecían mandalas de morcilla, Alcoyana desplegaba todo su arsenal de chistes y hasta Soguita se esforzaba con alguno. Era maravilloso cuando aparecía un mandala con morrón tricolor. Ahí abrían todas las puertas y ventanas del local, Alcoyana se sentaba en la ventana con los pies colgando para afuera en la 17, recitaba poemas a cada una de las mujeres que pasaban y las invitaba a sentarse a la mesa.

-¿Pizza? ¿Porque mejor no me regala un jazmín?
-No, jazmín no. Te voy a regalar una cebolla y un morrón colorado. ¡Merlo hará maravillas con blanco y rojo reflejados en el grisazul de tus ojos!
-¡Que ordinario! ¡Con una pizza de cebolla no va a atraer a una chica como yo!
-¡Tiene razón Señorita!, esa es la idea.

Un día ocurrió un hecho muy extraño. Llega el mandala a la mesa y las 4 aceitunas estaban en la porción que apuntaba a Alcoyana. El Turco quedó pálido, atónito. La cosa era muy rara porque en la pizza no se observaban los hoyos originales de las aceitunas, donde el artista las había posicionado mediante compás y transportador. Sólo había uno que reía y no era Merlo, era el destino.

Es cierto, Alcoyana se inquietó, pero rápidamente advirtió que las aceitunas sólo indicaban que algo iba a ocurrir. Cómo siempre e indefectiblemente ocurren cosas -buenas y malas- la señal no contenía información alguna: significaba nada.  El Turco siguió su vida como siempre, viviendo cada instante sin preguntar por el siguiente, dejando el destino sin efecto. Eso si, le jugó los 15 pesos que tenía al 444.

Los mandalas de Merlo tenían usos diversos. Eran notables sus propiedades relajantes, pues los muchachos se relajaban mucho luego de comerse un par de mandalas con moscato. Los mandalas Don Nicola fueron también un excelente canal de comunicaciones codificado. En colaboración con el quinielero Soguita se desarrolló un código que permitía representar números de 3 cifras en una pizza de muzzarella. Una especial permitía resolver hasta 2 decimales.

En la búsqueda de colores y texturas, nuestro artista hizo pizzas algo extrañas, bellas pero incomibles, como la pizza de remolacha con capuchones de birome bic y la de flores de Santa Rita con corcho rallado. Esto fue atentando contra la pizzería y con el tiempo el artista le fue ganando al pizzero. Los mandalas fagocitaron a las pizzas, el local se transformó en una galería de arte y finalmente cerró. Dicen que Merlo ahora hace buenos helados; pero mandalas… mandalas sólo para los  amigos.

Enrike, 2012.

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[1] Si una cadena comercial tiene éxito significa que el pueblo-ciudad se transformó en una ciudad-pueblo: una tristeza.

[2] Recuerdo este episodio en detalle. Estaba yo con mi papá, comiendo pizza en una mesita cercana al hecho. Mi viejo siempre tomaba moscato con la pizza y yo crush. No sé si del susto o qué, pero me deshice de mi botellita de gaseosa apoyándola en el piso contra la pared. Me serví moscato y le di un trago. Recibí la mirada de aprobación de mi viejo y me sentí iniciado.

domingo, 6 de marzo de 2011

Verdad en Custodia


En Balcarce existía un antiguo mito: aquel que lograra hacer dos compras consecutivas en la farmacia Rapacini pagando justo, es decir sin que le queden debiendo algún centavo o sin llevarse alguna pastilla de eucalipto, accedería a una gran revelación. El guardián de esta verdad era el propio Rapacini. El primero en intentarlo fue Marmorato, quien se dirigió al comercio con cambio, monedas y muy seguro de volver con la verdad.

-Una caja de cafiaspirina.  
–Son 1.25 
-Aquí tiene 1.25.  
Sintiéndose ya ganador, le pide:
-Ahora déme una cirulaxia 
-Son 5.34 
-Disculpe, pero no tengo monedas de 1 centavo, ¿puedo darle arandelas de 1/8?. 
-No caballero, discúlpeme usted porque le quedo debiendo 1 centavo.

Esa misma tarde comienza la caza de monedas de 1 centavo. Los muchachos obtuvieron varias de la fuente de la municipalidad y prepararon a su mejor matemático, el quinielero Soguita, con plata y cambio de distintas denominaciones para el encuentro. Inicia Soguita:

-Una caja de cafiaspirina (algo así como P4R).  
–Son 1.25 
-Aquí tiene 1.25.  
-Déme un tubo de calcevita.
-Son $4,541. 
-Bien, déme 10 tubos; aquí tiene $45,41 - y se acomoda sobrador en el mostrador.
El farmacéutico en ejercicio contrataca: -No, ¡por favor!, me está comprando 10 tubos, voy a hacerle un descuento del 7%, son $42,2313.
-Ya le hago un cheque.
-Aceptamos cheques sólo con compras mayores a $100.
-Bien, déme 26 tubos.
-Lo siento, sólo tengo 12.
-Está bien, se rinde Soguita y se va con aspirinas, calcevita y tres pastillas de eucalipto.

Finalmente llega la contienda de fondo: los colombófilos encomiendan al Dr. Garsú a la farmacia muñido de dinero, cambio y monedas. Rapacini, en cuanto lo vió entrar, comprendió que era el encuentro de su vida. Sin saludarse siquiera comienza Garsú:

-Una caja de cafiaspirina.  
–Son 1.25 
-Tome $1,25.
-Déme otra caja
-Cómo no, pero tome su dinero y devuélvame la caja anterior así le vendo una grande de 28. Son $2,30.
-Tome $2,30.
-Ahora déme dos cajas grandes de 28.
-Lo siento, sólo me quedan aspirinas sueltas.
-Bueno, deme 56. Aquí tiene $4,60.
-No Garsú, sueltas son un poco más baratas. Cuestan 15 por 1 peso. Son 3,733333333 pesos.

Garsú tenía resto, pero admirado por la jugada le ofrece tablas: -Déme un abrazo amigo Rapacini!
-Tengo 1.2 abrazos… pero se lo dejo en 1!

Así, la partida terminó en gran un abrazo farmacéutico. Tiempo después Rapacini y su habilidad se retiran de la caja y el mito quedó intacto, resguardado por prolijos profesionales y precisas tarjetas de débito.

En ese abrazo, algo le dijo Rapacini a Garsú en el oido. Nunca se conoció exactamente el secreto, pero parece que tenía que ver con mantener pequeñas deudas que nos liguen a las personas. Estas deudas, cuando no son enormes ni dolorosas, establecen sutiles lazos entre deudores y acreedores que los mantienen conectados. Por esto, los muchachos del Alas rara vez devuelven algo que les prestaron, pero al mismo tiempo prestan todo lo que poseen. En algún momento no tendrán nada propio, pero sí muchos amigos, deudores, acreedores, promesas y todo lo que necesitan para vivir.


Enrike, 2011.



martes, 18 de enero de 2011

Una mujer en el Alas

Una tarde de Balcarce, Soguita, Marmorato, Alcoyana y el Mirlo reflexionaban sentados en los lados de la pequeña mesa truquera del club Alas Balcarceñas. Sosa, el cantinero, ocupaba un vértice sentado en un banquito. Todos escuchaban atentamente al poeta Alcoyana disertando sobre la perfección en los recuerdos, cuando ingresa una joven señorita con bella minifalda. En dos pasos sus flagrantes pechos escapan, florecen, vuelan, planean y se posan libres en las fértiles fantasías de los habitantes del Alas.

Los muchachos quedaron desorientados, impactados; tanto como la señorita al verles sus caras de impactados. Era como encontrarse con un auto adentro de una carnicería o con un poema en un estudio contable.

Claudia fue la primera mujer en ingresar a la sala de truco del club. Las mujeres, para llamar a sus maridos a cenar, mandan a sus hijos o apenas se asoman, delantal arrugado en mano, y hacen una seña a través del vidrio.

-Buenas tardes, soy de Movistar. ¿Ustedes usan mucho el teléfono celular?

Mucho no, nada, pero sí nos interesa hablar por teléfono.

¿Tienen teléfono de línea?

No. Lo solicitamos a ENTEL en el 64. En el 70 trajeron ese aparato gris y blanco que está allí y no aparecieron más. Marmorato lo adaptó y lo utilizamos de timbre. Alguna vez también lo utilizamos como extensión del teléfono público del bulevar, pero el cable era muy largo y siempre se cortaba en algún lado. 

Como le decía, sí nos interesan las comunicaciones telefónicas. Nuestra principal necesidad es estar informados del momento en que las palomas son liberadas en las sesiones de entrenamiento que parten desde Quequén. Siempre vamos a lo de Nigro a esperar la llamada, pero nos vendría bien poder hacerlo desde aquí mismo.

Tengo la solución a sus necesidades. ¿Conocen la promo “habla que te enpomo”? Bueno, por sus caras, intuyo que no. Bueno, les cuento. Bueno, con esta promo Ustedes tendrán un teléfono celular de última generación, con 2 minutos libres, 2 horas mensuales de acceso a internet, dos casillas de correo y contestador automático con dos mensajes libres.

Alcoyana tomó la palabra para retener a la muchacha un rato y poder contemplarla. Lo hizo como un regalo a los muchachos y -hay que aceptar- un poco como alarde de su facilidad de expresión. 

Disculpe Señorita, pero no veo claras las ventajas de la promoción. Soguita, Marmorato y yo  somos de última generación. El Mirlo tiene dos pibes. Aquí los minutos son todos libres; así como las horas y los días. En cuanto a internet, cuando precisamos algo vamos a la farmacia del amigo Ulises Garsú y usamos tranquilos sin límite de tiempo. Allí actualizamos este blog y vemos porno tranquilos mientras tomamos unos tragos espectaculares que Garsú prepara a base de alcohol fino y esencias artificiales de todos los colores. Al Gancia y a la  Hesperidina los saca igualitos. El Fernet, aunque lo tomamos sin chistar, le sale espantoso; se nota mucho que lo hace con caramelos media hora.

Además, no quiero el contestador automático. Si hay algo que me gusta es contestar. Jamás entrego mis mensajes a estas máquinas crueles que repiten sin emoción y menos les confiaría que atesoren  mensajes dirigidos a mi. 

Sucede que el contestador es parte de la promo. Sin contestador sólo le puedo ofrecer la promo “paga para ver”, que también es perfecta para sus necesidades. Por $100 mensuales le dejamos el teléfono. No tiene minutos libres, no tiene internet ni contestador y puede recibir todas las llamadas que quiera por sólo $3 el minuto!

Escuchame piba; 100 mangos por mes y encima me cobrás las llamadas recibidas. Cuando las palomas largan de Quequén, reporta el tartamudo Quintitella. ¡La llamada nos va a costar una fortuna!

Podemos hacer una excepción $160 y llamadas recibidas ilimitadas!

Hacemos una prueba desde Quequén por mes. $60 son 20 minutos. Por más que se trabe, en menos de 5 Quintetella nos pasa la hora.

Bueno, pero con estos $60 adicionales usted puede recibir “todas las llamadas que quiera”

Sucede que sólo queremos recibir las llamadas de Quintitella. Creo que no nos vamos a entender. Otra cosa, ¿con este telefonito podemos sacar fotos?

¡Sí! ¡Tiene una cámara de 2 Mega píxeles con la que podés sacar unas fotos espectaculares!

Perfecto, ¿vos te desnudás?

¡No! ¡Por favor como me voy a desnudar!

¿Te bañás vestida?

Bueno para bañarme sí me desnudo. Pensé que era para sacarme una foto.

No, era sólo para que te desnudaras. Las mejores imágenes son las que quedarán en nuestras mentes y mejorarán con el tiempo. Mientras vos envejezcas, tu cuerpo en nuestro recuerdo será cada vez más perfecto. Las leyendas, los mitos y los relatos que  construiremos con este momento serán cada vez atrapantes. Construiremos una surrealidad donde tu cuerpo será apenas un punto de partida; una inspiración que crecerá con cada charla, con cada copa de este bar.

Una foto siempre será esa foto. Cualquiera podrá mirarla y será la misma foto para todos. El recuerdo de tu desnudez en mi mente será sólo mío y único, como será el de Marmorato, el de Soguita, el del Mirlo y el de Sosa. Algunos agrandarán tus pechos, otros tus caderas o tu cintura. La suavidad de tu piel superará la del plumón de pecho de un gorrión; y tus ojos, cada día más claros, cada día más oscuros, nos mirarán por horas sin pestañear.  El recuerdo de tus pechos será por siempre una fresca brisa para siestas de hastío. Tus pezones serán balas letales para nuestra melancolía; y cuando el día nos revuelque y la angustia nos niegue la inconciencia del sueño, nos abrazaremos fuerte a tu pubis, como a una esperanza.

A esta altura la chica ya estaba totalmente desnuda. Los muchachos, absortos con la charla de Alcoyana, no lo advirtieron hasta que el poeta introdujo una pausa cómplice. Absortos continuaron largo rato contemplando la hermosa muchacha desnuda. Luego, muy respetuosamente le alcanzaron la ropa y en vapor de magia poética se despidieron de la primera mujer que pisó el Alas.

La piba, aun algo confundida, se vistió y partió.

-Muchas gracias por todo, han sido ustedes muy gentiles. Fue un placer conocerlos.

Los muchachos cumplieron. Esta anécdota nació, creció, se reprodujo y continúa reproduciéndose en el Alas Balcarceñas. Cada vez más perfecta y más propia. Cada vez más real y alejada de la verdad.


Enrike, 2011.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Romualdo Diaz

uno
Romualdo Diaz es sólo un hombre solo. Solo de amigos, solo de familia; muchas veces solo de si mismo. Romualdo a veces se escapa de Romualdo y la nada remanente corre tras él entablando épicas carreras. Corren carros, carreteras, carrozas, carozos, caricias. Todo para distraerse, no alcanzarse y evitar así la mutua aniquilación. Nada más vulnerable que la nada: cualquier cosa la vuelve algo y la destruye. Nada más vulnerable que Romualdo sin nada. De vez en cuando pactan una tregua y se sientan en dos sillas, mesa de por medio. Romualdo fija su mirada en la nada y la nada, su única compañía, nada. Él sólo espera que ya sea tarde.

Está claro que es distinto, poco común, no-normal; lo cual no es bueno para él ni para los otros; aunque a éstos, poco les importa. Una estrategia de los distintos es buscar virtud en la rareza, pero no tiene sentido. ¿La vaca de dos cabezas fue feliz? ¿Ser solitario? ¿Tener el pelo verde? ¿Comer carne cruda?

Algunos dicen que su poesía es triste, que el mundo no quiere de esto; que todos quieren alegría, jajaja, cosas cómicas, llevaderas. Romulado dice que para que exista la alegría debe existir la tristeza, que para exista el amor debe existir el desamor, la desilusión; que para entender la amistad debe existir la traición. No podemos valorar al poeta Alcoyana si no conocimos a Romualdo; no entenderemos a este último sin el primero.

Por alguna razón, él quedó a cargo del lado oscuro para que exista el brillante. Digamos que Romualdo se encarga del trabajo sucio del mundo feliz.

Pensaba mucho en el suicidio pero no en suicidarse. Lo utilizaba para calmarse cuando la angustia lo arrinconaba. Ahí, por un instante lo planeaba; y cómo estaba convencido de que tras su muerte no había más que nada, decidía continuar. Nada peor podría suceder y valía la pena seguir, aunque sea por curiosidad, para ver que hay al otro día, al otro y tras el otro. No sufría. Sólo era triste; como otros son altos, morochos, rubios o simpáticos.

Vivía de la poesía y subsistía de los derechos de su canción “Mi triste soledad”. No pasaba necesidades, sí un poco de hambre y frío.


dos
Romualdo es un ser aislado pero busca el amor. Soledad, la mujer de sus sueños, también es una persona aislada. Ambos están, existen, seguramente se buscan, pero deambulan aislados por el universo sin pistas uno del otro. Son dos burbujas únicas en la atmósfera, dos botones únicos en un shopping.

Soledad existe, pero Romulado está solo en su altillo de la calle 7 y ella sola en su cuarto de Villa Ballester. La empresa del encuentro es apenas imposible. Romualdo lo intuye y se relame.


tres
Romualdo buscaba a su manera. Salía por las noches y cuando nadie lo veía pegaba carteles que decían: “Te busco”. Cuando viajaba, llevaba algunos de estos carteles y salía por las noches a pegarlos. Por mucho tiempo no tuvo ninguna respuesta; pero un día encontró un cartel que decía “Te busqué”. Tal vez fue obra de un gracioso, pero esto lo motivó y comenzó a aventurarse más lejos para colgar sus carteles.

Caminaba de noche y cuando no veía a nadie en la cuadra, ni en la siguiente, ni en la previa; pegaba su pequeño cartel. Estaba pegando uno de estos cartelitos cuando observo que a un par de cuadras alguien se acercaba. Huyó, pero debía volver: no había llegado a alinear perfectamente el papelito con el marco de la vidriera elegida. Cuando vio que todo estaba despejado, regresó y encontró su papelito medio torcido y al lado uno perfectamente alineado que decía “Te busco”. La sangre le recorrió el cuerpo miles de veces en un segundo; el corazón le abarcó de las sienes a los pies. Atesoró ambos papeles y recorrió la ciudad, calles pares, impares, diagonales y encontró nadie.

Desde ese día, Romualdo visitó el lugar todas las noches. Soledad también. Claro que ambos huían apenas veían a alguien acercarse. Un día él se distrajo y se quedó dormido en la vidriera. Soledad no lo vio y se acercó al lugar. De repente se encontraron y -por supuesto-  huyeron por las desoladas calles en direcciones opuestas. Quedó bien claro para ellos que eran ellos.

Esa noche comenzó a llover, a llover, a llover formando una densa cortina. En las calles de la ciudad solo quedaron dos amantes de la lluvia que la recorrían en todas las direcciones. La lluvia también los amaba y los reunió en la esquina de 20 y 11, en 14 y 17, Avenida del Valle y 8, 9 y 22, Kelly y 31. Se miraban, se intuían tras la lluvia, y continuaban huyendo. Así sucedió en cada esquina hasta que continuó lloviendo en una única esquina del pueblo, donde lluvia, Romulado y Soledad se abrazaron. Este abrazo engendró un mundo que sólo ellos habitarían.


cuatro
En un segundo se conocieron por completo. Ella era exactamente la imagen de Soledad que Romualdo había construido. Romualdo era exactamente el Romualdo de Soledad.

Para los otros eran un par de extraños e incomprensibles personajes. Ellos sabían exactamente que pensaba el otro instante a instante: cuando huir, cuando esconderse, cuando leer, cuando ver la luna, cuando películas, cuando besarse, cuando todo. Frecuentaban lugares donde no hubiera nadie o -algo parecido- donde hubiera muchísima gente.

Los buenos tienen amigos. Los malos tienen amigos. Ellos no tenían amigos, conocidos ni familiares; Romualdo sólo tenía a Soledad y Soledad a Romualdo. Compusieron un pequeño infinito donde jugaban al amor días con sus tardes y noches con sus mañanas. Fueron felices, aun produciendo la tristeza que el mundo les demandaba.


cinco
Vivían en un mundo aislado donde no se necesita la verdad, la mentira ni las comparaciones.

En algún momento Soledad comenzó a espiar el exterior, a huir más despacio, a usar paraguas, a esconderse a medias y hasta llegó a hablar con alguien. Fue todo muy paulatino hasta que un día llegó a reírse ¡a carcajadas!

Romualdo, perplejo, aterrorizado, desolado y atónito, la observó alejarse y quedó solo; produciendo oscura tristeza para que la felicidad ajena resalte en su fondo negro. Ella se mezcló con el universo y posiblemente fue feliz. A él le quedaron dos opciones: convertirse en una marginal persona de ese mundo o esperar otra Soledad para otro mundo. El tipo apostó fuerte.


Enrike, 1990.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Futbol con Alas

Fútbol con Alas

Los muchachos del “Club Social y Colombófilo Alas Balcarceñas” no concurren al fútbol de la liga local, pero si a los partidos de “baby fútbol”. Allí colaboran con Marmorato, el entrenador de las divisiones infantiles, en la preparación de los choripanes y en la organización de los pibes.

Era un partido como muchos otros, pero de repente ocurrió algo increíble y desagradable: unos adultos del Boca Juniors que miraban el partido ¡insultan a un niño!  En un instante, con la velocidad de un acto reflejo -donde no interviene la razón- los muchachos estaban sobre estos tipos con varios puños en sus manos. De alguna manera, también increíble, los 14 policías de Balcarce intervinieron en ese mismo instante, evitando la catástrofe. El mismísimo comisario congeló en el aire la letal alpargata de Soguita. Las acciones se circunscribieron entonces a lo verbal, donde el poeta Alcoyana se lució con frases como: “el espejo del otoño hoy te devuelve agrio y anciano”, “el niño que no fuiste, era el que todos esperaban”, “la concha de tu hermana” y “¡cagón culiado a máquina!”

Para frenar el conflicto, el jefe de la fuerza policial propuso dirimir las diferencias en un partido entre los grupos enfrentados. Estableció fecha para el domingo siguiente, como una atracción previa a los encuentros de fútbol infantil. El encuentro se jugaría en la misma canchita de baby, 5 contra 5. Por supuesto que la delegación del Alas Balcarceñas aceptó sin titubear. Apenas titubeó algún que otro insulto adicional.

Los del Boca eran todos jugadores del campeonato de “papi futbol” y entrenaban dos veces por semana en su propio campo con arcos de caño y red. Los muchachos del Alas estaban mucho más que retirados, pero no arrugaron. Arrugar es un verbo que no saben conjugar en primera persona.

En cuanto se enfriaron un poco, el Negro Marmorato, gran estratega y teórico del futbol, comenzó a diagramar el equipo y las acciones a seguir. El Negro no disponía de un gran material, pero si conocía hasta el alma de sus amigos. Así, haciendo virtud de las limitaciones, preparó un esquema que no apuntaba a obtener lo mejor de cada uno, sino lo mejor de todos juntos.

El equipo del Alas Balcarceñas era un cúmulo de entrañables personajes: Soguita, Marmorato, el Dr. Ulises Garsú, Alcoyana y el Mirlo; cada uno con sus particularidades pero componiendo una monolítica unidad.

Soguita es una demostración del principio de conservación de la energía. Su vitalidad no es para nada desmesurada; normalmente gasta menos energía que una lombriz, pero en situaciones límites puede mostrar inusitado vigor. Sin duda, ésta era una situación límite y el entrenador descontaba que el quinielero expondría todo su potencial. El pensamiento de Soguita es bastante lineal, así que Marmorato lo ubicó como carrilero por izquierda con muy precisas instrucciones.

Alcoyana, portador de una fabulosa habilidad, pero con un estado físico nulo, horadado por salamines y vino, fue destinado al medio campo, con la función de crear y distribuir excelso juego.

Marmorato, como “2” aportaría su juego rústico para imponer firmeza en la línea de fondo, formando con Soguita una “L” infranqueable.

En el arco, el Dr Garsú era una garantía. Desde niño, el farmacéutico siempre había jugado de arquero. Ahora tenía algunos problemas en una rodilla, pero esto no le impedía desempeñarse con soltura en este puesto.

La gran genialidad de Marmorato para este equipo fue la figura que compuso para El Mirlo, quien tenía un estado físico excepcional. En base a este jugador, Marmorato creó un nuevo esquema de juego donde el Mirlo oficiaba de “carrilero elíptico”: una función nunca antes vista en el fútbol planetario. Soguita, como “carrilero lineal” circularía por la izquierda, pero el Negro sabía que los demás jugadores (él incluido) estarían prácticamente clavados en la cancha. La función del Mirlo era trasladar la pelota -y jugadores, si fuera necesario- por toda la cancha, conectar a Soguita con el resto del equipo, llevar y traer desde cualquier punto a cualquier otro.

El equipo y el esquema estaban, pero restaba preparar jugadas y verificar el funcionamiento del equipo. Para esto utilizaron el metegol del club, al cual le sacaron los 5 del medio. Garsú personificado en el arquero petiso; los dos de atrás eran Marmorato y Soguita; los tres de adelante, de nuevo Soguita, Alcoyana y una de las posiciones del Mirlo. Otro Mirlo, realizado en miga de pan, fue necesario para recrear su función de “carrilero elíptico”: un puesto que se apartaba de los esquemas establecidos y que no existía al momento de la génesis del metegol.

Fue una semana muy dura a triple turno. Relajación a la mañana, práctica en el potrero por la tarde, ensayo de jugadas en el metegol a la tardecita. Por esos días los colombófilos fueron los héroes del barrio. Sin siquiera insinuar, recibían a diario carne, vino y pastelitos que los mantuvieron en asadito todas las noches. Los días de entrenamiento y planificación pasaron; y muy rápido el equipo se encontró con el domingo que los posó en el círculo central.

El capitán del Alas ganó el sorteo y eligió el arco con el sol atrás. Los primeros minutos, mientras los equipos se estudiaban, fueron aburridos, hasta amables. Luego el DT colombófilo comienza a utilizar al Turco Alcoyana, que con su habilidad intacta, gambeteaba rivales en una baldosa y era imposible quitarle el balón. El inconveniente era que, limitado por su estado físico, siempre gambeteaba en la misma baldosa. Marmorato rápidamente advirtió que a su equipo le faltaba desplazamiento y encomendó al Mirlo para que además de trasladar el balón, trasladara también al Turco. Así, el Mirlo desplazaba a Alcoyana mientras la zurda endemoniada de éste iba burlando rivales. Los Boca quedaban tirados como miguitas de Hansel y Gretel, describiendo sinuosos filetes que conducían a su propio arco. Así le hicieron 3 al hilo, pero los de Boca comenzaron a llorar, a protestar que la técnica era ilegal, que los jugadores debían constituirse como individuos y una larga serie de débiles argumentos que abrumaron al árbitro; quien finalmente exigió que Alcoyana debía desplazarse por sus propios medios.

Los de Boca eran algo torpes pero no estúpidos, dos de ellos eran profesionales: el abogado Mendéz y el arquitecto Echagüe. Sabían que a los muchachos como individuos, los pasaban por encima. Con la anuencia del réferi apuntaban a convertir el equipo de Marmorato en 5 individuos; pero esto era imposible, porque los muchachos son un mismo organismo.

Por un tiempo los del Alas quedaron algo perdidos. Soguita seguía muy firme, pero los Boca encontraron que por la derecha podían llegar. Garsú estaba hecho un demonio y sacó unas 37 pelotas de gol, pero finalmente llegó el 3 a 3 y seguían acosando la valla del farmacéutico. Esto duró hasta que el férreo 2 del Alas empezó a ajustar, digamos mejor ajusticiar, en la puerta del área.

El partido estaba estancado. Mendéz insiste una vez más por la derecha; el Mirlo se pasa de largo, llega el Negro que cruza al abogado y lo deja colgado del travesaño como salamín secándose en la caña. El árbitro le perdonó la vida eterna a Marmorato y apenas le sacó la roja, cuando toda la hinchada boquense, especialmente Maria Cristina Barceló de Mendéz, pedía a gritos su excomunión. 

El Alas queda con 4. A Marmorato lo mandan al vestuario, pero como vestuarios no hay, lo echan del predio y continúa dando indicaciones a los gritos del otro lado del alambrado. La situación era muy complicada; estaban con uno menos, empatados y faltaban 7 minutos. El entrenador piensa, piensa y piensa. Los muchachos no saben que carajo hacer, así que se la dan a Alcoyana que se pone a hacer jueguitos para deleite de la tribuna que aplaude a rabiar y furia de los rivales que no le pueden sacar el balón. De pronto ocurre lo impensado, lo imprevisto, la sorpresa que hace la vida vivible. Soguita, que durante todo el partido fue haciendo una zanja pegadita a la cal del lateral; porque si, o vaya a saber por qué, abandona su línea y describe una curva celestial; pasa por detrás de Alcoyana y sigue hacia el arco rival donde recibe una parábola, una metáfora del Turco, que conecta abajo con un impecable frentazo y marca el triunfo del Alas. No grita el gol y vuelve en silencio a su línea lateral izquierda para seguir allí siendo Soguita. Sus amigos lo alcanzan y se unen todos en un abrazo, cada vez más fuerte y más pequeño, cuando  escuchan muy lejos el pitido que marca el fin del partido. 

Ese gol, de un modesto partido desafío 5 contra 5, fue durante años el gol más comentado en Balcarce. Los abogados y los vendedores de autos dicen que la pelota pegó en la línea y entró levantando un poco de cal. Los otros dicen que vieron clarito en la misma línea cómo la pelota se transmutó en paloma; una paloma del “Alas Balcarceñas”.


Enrike, 2010.