lunes, 30 de noviembre de 2015

Arenga Alcoyana

El filósofo Alcoyana advirtió que nos estábamos viniendo a pique. Llenó cada vaso de ginebra y se dispuso a zamarrearnos intelectualmente: ¿Qué nos está pasando muchachos? Nos quedamos acá, muy divertidos recordando viejas anécdotas y cagándonos de risa. Encima se los ve contentos, ¡si serán pelotudos amigos!

Ya no se si fueron tan divertidas o las sobrevaloramos, las cuidamos tanto que las vamos mejorando con el tiempo. Esto es muy triste, estamos viviendo de anécdotas a plazo fijo. Dejémonos de joder, nuestras nuevas anécdotas serán “Cómo nos divertimos recordando viejas anécdotas” ¡Por Dió muchachos, salgamos a patear tachos de basura! ¡Entremos al Club El Riojano y pidamos un Tia María! ¡Emborrachemos las palomas mensajeras! ¡Vamos amigos! ¡Caguemos más alto que el culo (fijemos objetivos que excedan nuestras posibilidades)! Siempre lo hicimos así y nos fue bien. No seamos cagones.

Está bueno encontrarte en situaciones que te superan. No sabés como hiciste para llegar allí pero ahí estás, abrieron el telón y estás en una sala llena de gente, estás cenando con una mina genial, te dieron el micrófono en la fiesta y la gente se calla para escucharte, estás en la puerta del área con pelota dominada y toda la tribuna grita ¡Alcoyana! ¡Alcoyana! Estás emocionado, el corazón te explota, te sudan hasta los ojos. De repente -es un instante- te salís del cuerpo y te ves desde afuera, te ves como vos te ves, como vos te crees: chiquitito, mínimo, te abatatás. En ese momento querés ser mejor, más joven, más inteligente, haber entrenado más duro, tenerla más grande, haber leído más. Mirás para arriba, para todos lados, esperando el milagro… pero el milagro no llega y no hay más tiempo... Te querés despertar, pero estás despierto. Volvés y apechugás, huís para adelante y hacés lo mejor que podés con lo que hay, con lo que sos. Así llegamos hasta aquí, viejos, sin nada, con cicatrices, pero con un montón de historias escritas y por venir: con vida. ¡Vamos los pibes!


Enrique Spinelli, 2015.

martes, 1 de septiembre de 2015

Te sueño el sueño

Para cambiar un poco... un radioteatro.

Personajes: BETO, TITO y ROSALÍA.
(Beto y Tito conversan en la cocina del departamento de Tito)


TITO: Escuchame Beto, ¿qué hiciste el tiempo que estuviste en el departamento? ¿Cambiaste algo en la cama? ¿En el dormitorio? Yo soñaba como loco acá y desde que volví ¡no sueño nada, nada de nada!

BETO: No Tito, no toqué nada. Nos internamos un par de semanas con Rosalía, pero dejamos todo como estaba.

TITO: Ah, te viniste con Rosalía… ¡Pero qué bien me cuidaste el Departamento! ¡Tuve suerte que no rompieron la cama! Y te digo que no dejaron un carajo las cosas como estaban. Acá faltan mis sueños! Y me hago el boludo de que se tomaron el fernet, las 2 cerve que quedaban y se comieron hasta la polenta y un paquete de express que estaba cerrado con un ganchito! Tampoco te digo nada de que se secó desde el potus hasta el cactus! Como mierda hicieron para que se seque el cactus! Eh! Hablá Betoludo! No me vas a decir nada?

BETO: Si, te digo que las express estaban húmedas, una bosta!

TITO: Dale, no me jodás amigo, decime... ¿qué hicieron? ¿cambiaron algo de lugar?

BETO: ¿No te imaginás que hicimos las dos semanas corridas? Y si Tito, cambiamos de lugar varias veces! Jijijiji!

TITO: Che, enserio, pensá! Mis sueños son muy importantes! Mi vida real es una cagada, pero yo me tiraba a dormir y soñaba lindo. Ahora me acuesto boca arriba y así me despierto, como si toda la noche fuera un instante. ¡Vamos, pensá! ¿Qué puede haber pasado?

BETO: La verdad que no tengo ni idea, en esas dos semanas no movimos ningún mueble, ni siquiera cambiamos las sábanas…

TITO: Si, de eso me dí cuenta. Vamos Beto, ponete en mi lugar. ¿Vos soñás mucho? ¿Soñaste mientras estuviste acá?

BETO: Nada. Rosalía te deja hecho percha, apenas me quedaba energía para dormir… ¡qué iba a soñar! Ella sí sueña mucho, el otro día soñó con sierras, una laguna, y no me acuerdo más… Cosa rara, porque la gordi jamás salió de Florencio Varela!

TITO: Eh! ¿Sierras, laguna? Dale, llamala yá, necesito más detalles.

BETO: ¿Qué detalles? ¿Para que la voy a llamar?

TITO: Dale Beto, ya me cagaste los sueños, al menos llamala, quiero saber detalles de sus sueños

BETO: Uffff… bueno, ahí la llamo… Ups! No tengo crédito. Me prestas tu celu?

TITO: Tomá, dale llamala por favor!

BETO: …Hola Gordita! Cómo andás? Todo bien? Bueno, te llamo cortito porque te estoy hablando del celu de Tito y el rata me hace señas de que tiene poco crédito. Pibita, este rompe quiere que le cuentes de esos sueños que tenés ahora de las sierras y la laguna… Así que son relindos los paisajes? Aha! Y ahora estás soñando mucho con una escuela? Mirá vos! Ah y no es la escuela que fuiste vos, pero te soñás alumna? ¡Qué loco!

TITO: ¡Eh! Qué escuela? ¡Beto, Beto! Preguntale que escuela es, qué número?

BETO: Beyecita, Tito quiere saber qué escuela estás soñando… Ah, escuela número 4, Bernardino Rivadavia…

TITO: ¡Eh! ¡Esa es mi escuela de la primaria! ¡Esta mina me choreo los sueños! ¡Eh! ¡Esos son mis sueños! ¡Las sierras, la laguna y hasta mi escuela! ¡Chorros de mierda! ¡Les dejo el depto para que cuiden y me afanan los sueños!

TITO: No sé cómo mierda vas a hacer, pero ¡quiero de nuevo mis sueños aquí y los quiero ya! Si no es con mis sueños no vuelvas más. ¡Dame el celular! ¡Y andá pensando en devolverme la heladera, el ventilador, la mesa y las sillas que te presté!

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(Beto y Rosalía conversan en la cocina del departamento de Beto)

BETO: Che Gordi, vamos a tener que hacer algo, Tito está recaliente, dice que le sacaste los sueños. Se sacó y me está pidiendo la heladera y un montón de cosas… encima tengo las cuotas del celu, la tele y la play en su tarjeta de crédito…

BETO: Pensá… ¿En qué momento empezaste a tener esos sueños ajenos de sierras, escuela número nosequé? Es muy raro, si vos en tu puta vida saliste de Varela! Pensá, pensá como se los vamos a devolver porque estamos en un problema grosso!

ROSALÍA: Vos estás en un problema! Y nada de sueños ajenos! Son mis sueños pibe! Los sueños son del que los sueña! Basta de capitalismo onírico! Están rebuenos y no voy a devolver un carajo! Anoché soñé que una compañerita de la escuela me apretujaba como a un osito de peluche… y sabés una cosa… ¡me encantó! Ni mierda se los voy a devolver!

BETO: Dale bonita, por favor, busquemos la forma de devolverle los sueños, aunque sea algunos para que se calme un poco. Le llevamos los de las sierras, la laguna, esos deben ser rebaburridos!

ROSALÍA: ¿No entendés? No se puede devolver lo que es de uno!

BETO: Dale linda, no seas así, es un pobre infelíz. Mirá si estará triste que revisa el spam y se alegra con lo felices que son los demás en el facebook. ¿No te da lástima? ¿Por qué no vemos la forma de devolverle algún sueño que no te interese? Enserio, dale...

ROSALÍA: Mirá Betito, a mi me llamó la atención tener todos estos nuevos sueños míos. Ahora los disfruto mucho, pero al principio me asuste un poco y la consulté a Susana, la tarotista, y me contó de estos casos que son muuuy raros. Te la hago corta, aunque me dé pena ese infelíz que solo tenía estos bellos sueños, es imposible que yo se los pase.

ROSALÍA: Susana me lo dijo clarito: la única forma de transferir sueños es quedarse dormido cogiendo con el poseedor. ¿Vos aceptarías que me encame con ese pelotudo, sólo porque estás preocupado por esa heladera pedorra, las sillas y las cuotas de tus boludeces? ¿Eh? Creo que me valorás un poquito ¿no? Bien, entonces, esto no tiene ninguna posibilidad. ¡Mis sueños son mis sueños y que se joda!

BETO: Ta bien, ta bien Rosalía, voy a ver como resuelvo esto, pero me metiste en un quilombo…

(PAUSA, Beto piensa)…

BETO: Pero decime… ¿Cómo hiciste para quedarte con los sueños de Tito?



Enrike, 2015.

viernes, 27 de febrero de 2015

Protección total

En la ciudad de La Plata existe una zona limitada por una avenida, la vía del tren y una diagonal, que es tan apacible, tan tranquila, que su contraste con el entorno llama la atención. Una multinacional de seguros me contrató para estudiar el fenómeno, e inicié mi trabajo de campo entrevistando a Edgar, un kioskero que fue indicado como “el que más sabe” sobre este extraño lugar. Para que mi presencia no perturbe el objeto de investigación, me presenté como un posible comprador de una casita en esta zona.

-En este barrio nunca pasa nada, podés mudarte tranquilo. Hace cinco años que tengo kiosko en esta esquina y te digo que es muy seguro. Las viejitas cuentan la jubilación en la vereda, y ahí las tenés, intactas, chusmeando en la puerta de su casa. Cruzan la calle sin mirar, comen lechón frio a la mañana y perduran. 

Enserio pibe, aquí no pasa nada. Si ponés a calentar agua para el mate, no se hierve por más que te distraigas. Las mujeres pueden batir mayonesa cualquier día de su mes, que no se va a cortar. Te digo más, el trago preferido de este barrio es vino tinto con sandía. Después de comer un chancho te tirás a la pelopincho sin hacer la digestión, y no te pasa nada. Aquí no-pasa-nada.

Dicen que no fue siempre así, que se afanaba y que ocurrían las mismas desgracias que en todos lados, pero en algún momento comenzó esta “seguridad” o tal vez una ¿“sensación de seguridad”? No sabemos si no pasa nada, o si nos tenemos tanta confianza que no nos pasa nada. De todos modos, el resultado es el mismo.

Todo es así siempre que estés dentro del barrio. En el puestito de chori del gordo Tupa podés comer piola, pero si salís del barrio antes que todo residuo del alimento haya abandonado tu cuerpo, te revolverás en terribles convulsiones: es sólo para el mercado interno. Doña Tita salió a visitar a su hermana a Tolosa, se bajó del micro sin mirar, y redujo en 1 la población de esta comunidad.

-Digamé Edgar, ¿esta zona es muy baja? ¿se inunda?

-Mirá, dicen que antes bastaba que el gordo Tupa transpirara un poquito de más para que se inundara todo el barrio, pero desde que tengo el kiosko nunca pasó nada.  Con la lluvia torrencial de la semana pasada;  de aquel lado de la avenida había metro y medio de agua, y de este… nada, las hormigas hacían pie sin problema y los pibes estuvieron toda la tarde jugando al tobogán acuático.

No pasa nada con el agua y tampoco con el fuego. Doña Mirta, la entrenadora de básquet, toda la vida prendió velas a San Cayetano pidiendo  trabajo para su hijo Ruben. Varias  veces prendió fuego el altarcito, y su pieza se incendió cuando Ruben tenía unos 50 años, pero hace tiempo que las velas se apagan solas antes de terminarse, y su altarcito de telgopor está intacto.

-Aha… ¿y funcionó? ¿Consiguió trabajo el hijo?

Si le digo que toda-la-vida le prendió velas, es porque ¡nunca consiguió trabajo!  Seguramente SanCa le mandó alguno, pero debe haber otro santo -desconocido-  que ayuda a que los tipos como Ruben no lo agarren.

-No tienen problema con el agua, ni con el fuego ¿y con el viento?

- ¡Uy Dio! Agua, fuego, viento… ¿qué sos vos? ¿Astrólogo? ¿Podés predecir que va a pasar? Acá eso es fácil. Aquí no pasa nada.

-Sí, pero este barrio está muy bueno, se debe mudar mucha gente aqui ¿no?

-No. No vienen muchos, porque esto no es tan bueno como parece. Acá nada tiene consecuencias, nada puede salir mal, no hay riesgos, no hay miedo y es muy difícil vivir así. Sin miedo a perder, las cosas pierden valor, no hay celos, las sorpresas son pobres y todo es muy aburrido. Los que vienen de afuera no aguantan y se van enseguida, la mayoría de los que viven aquí nacieron en el barrio. Es como el asunto del sapo, que si lo ponés en una olla con el agua fría y la vas calentando, lo cocinás vivo y no reacciona; pero si lo tirás al agua hirviendo, salta para afuera como un sapo.

Con el tiempo y con esta seguridad, la gente se fue poniendo vieja y triste. Los jóvenes impetuosos se van porque no se destacan. Acá es lo mismo ser valiente, temerario o cobarde. Los valientes se van porque no tienen miedo que vencer, los cobardes porque no tienen miedo que tener, y los temerarios también se van, pero no sé porqué. Los pibes se van a estudiar y desaprobar, a trabajar y ser despedidos, a romper vidrios a pelotazos. De a poco van quedando sólo viejos, que se aferran a esta vida segura pero desabrida, porque mañana va a salir parecido a hoy y casi igual que ayer. Todo es seguro, todo va a suceder con seguridad: el futuro es falso.

-Usted no es tan grande, ¿por qué se queda aquí?

-Porque soy gordo, pelado, puto y me gusta bailar murga. Aquí no le tengo miedo al ridículo… ¡porque no pasa nada!

Pero te digo la verdad, ya me estoy aburriendo. Cuando bailaba del otro lado de la avenida, me puteaban, la gente se sacaba y me tiraban cosas, me gritaban cualquier barbaridad. Era peligroso, pero me prestaban atención. Aquí… nada, a veces me aplauden nomás.

Así es muy difícil generar historias y anécdotas. ¿Qué me decís si te cuento que comí un tupa-chori, me dieron retorcijones y llegué al baño con lo justo; y que cuando me levanto para tirar la cadena se me cayeron las llaves adentro del inodoro?... ¿Si te cuento que cuando me agacho para agarrarlas, se me cayó el celular del bolsillo de la camisa también al inodoro? ¿Y si te digo que pongo las llaves en el bidet, y cuando abro la canilla para enjuagarlas, le pifié, abrí la llave de la flor y me hice sopa?... ¿Eh? ¡Te estás cagando de risa! No, no te rías, no te rías porque nada de eso ocurrió. No pasó nada, me comí el chori, llegué a casa y me puse a mirar tele hasta que me dormí en el sillón.  Por eso, en el barrio ya no hay escritores, se fueron por falta de material. Acá ni siquiera hay histeria. Las personas te dicen que si o que no ¡A ver si podés escribir una canción con eso! La poesía no es viable.

Con el tiempo se fueron todos los artistas. Sólo de vez en cuando viene un pibe que pinta esos murales con personajes raros que ves ahí. Pinta con la ropa de salir y no liga ni una mancha de pintura, tampoco mancha jamás el piso, y por eso todos le ceden las paredes.

-Edgar, usted ya me dijo que este barrio no fue siempre así de seguro ¿Cuándo empezó este estado de “seguridad extrema”? ¿Por qué razón le parece que esto es así?

-Nadie tiene idea. Pensamos que no es una cuestión de seguridad porque sí, sino de protección, que alguien o algo nos protege. Sospechamos del San Cayetano de Doña Mirta, porque después del incendio de la pieza cambió la imagen, el altarcito y no se prendió fuego nunca más, siendo que antes se prendía fuego a cada rato. Está claro que ese santo no da este tipo de protección, pues  está diseñado para conseguir trabajo. Como nunca consiguió uno, yo pensé que por ahí Mirta -por error- trajo una imagen de otro santo, y convencí al vendedor de la santería que está enfrente de la Rosa Mísitica que venga a revisarlo, para ver si tenemos un super Gauchito Gil, una ultra Gilda o algo así. El tipo lo revisó y dijo que la estatuita es medio berreta, que está tan deformada y mal pintada, que puede ser San Cayetano, la virgen María, o su suegra, pero que sin duda no es ningún protector eficaz conocido.

No sabemos por qué aquí no pasa nada, pero es así, y no necesitás saber porque. Si vas a mudarte, tené en cuenta como es la vida aquí y listo.

-Si Edgar, pero todo esto es muy extraño. A usted lo veo re-tranquilo con esta situación, pero a mí me da miedo.

-¡¿Miedo?! ¡¿Quien sos vos realmente, pibe?!¡Decime quien sos o te clavo este doblador de pestañas en un ojo y te lo saco por el otro! ¡Sólo los garcas pueden tener miedo en este barrio! ¡Te aseguro que vos acá no tenés protección que te salve! ¡Dale, hablá o te hago tragar este medio chori que tiene una semana abajo del mostrador!

-¡Nooo mmaghh puaghj! Está bien Edgar, ¡perdonemé! ¡No voy a mudarme a este barrio! ¡Una multinacional me pagó para que investigue por qué en este barrio no pasa nada!

-¡Si serás hijo de puta, garca de mierda! Ahora te vas sabiendo algo más: la protección de este barrio no funciona para los garcas como vos, pedazo de sorete. ¿Por qué crees que acá no hay vendedores de movistar, de préstamos personales, ni un puto banco?

¡Rajá, rajá ya mismo de acá o te llevo las tres cuadras hasta la avenida a patadas en el culo! ¿Sabés una cosa? Me gustó la idea, y la voy a hacer efectiva. Mirá para allá que está la avenida, ¿la ves? ¿sí? bueno para allá vamos… -¡Tomá garca de mierda! ¡Tomá otra! ¡Tomá! ¡Te voy a dar tantas patadas que en algún momento te va a salir el traje con corbata de abajo de esa remera trucha de superman! ¡O te va a aparecer la inscripción de grinpis, pelotudo!


Bueno, así fue como salí violentamente de los confines de ese barrio apacible. Con el culo molido a patadas, pero a salvo, me quedo mirando desde afuera cómo Edgar se aleja, caminando pesado y saludando vecinos. De lejos veo que se detiene a hablar con el artista que pinta los murales del barrio, que está haciendo uno nuevo.

-¡Lucas, que buena está esa figura pibe! ¿Cómo se llama este mural?

-¡Hola Edgar! Este es “Protector número 8 con lanzarayos de energía repiola” ¿Te gusta como está quedando?

-Si, ¡está muy bueno pibe! Gracias por poner lindo el barrio. Dale saludos a tu tía Mirta y pasá por el kiosko que te doy unos biscochos para que lleves.


Enrike, 2015.

miércoles, 15 de enero de 2014

Cielo balcarceño

Alcoyana es de esos tipos que sólo cree en Dios cuando se asusta. Eso sí, asustado y todo, es guapo y no arruga ante nada vivo, muerto, material y/o espiritual. El tipo piensa, analiza y expone sobre cualquier tema que se le presente; desde la preparación del Gancia, hasta la existencia de Dios. En esta ocasión va casi a un extremo y nos habla del cielo, más precisamente del cielo balcarceño. Transcribo aquí la conferencia que dictó en el club Alas Balcarceñas, con motivo de la culminación de la damajuana 5, en la centésima sexta partida de truco cotidiano hace unos días. Así expuso el pensador, dedo en alto de una mano mientras sostenía vaso con la otra:

Discúlpenme muchachos, pero les voy a decir una cosa seria: el cielo no existe, te morís y desaparecés nomás. Ya no sos más, te apagan como a la tele y listo. Muchos dicen “Tito se fue al cielo”. Esto es una flojera para no decir que se murió y que ya no lo veremos más. Nos viene perfecto para consolar a un pibe a quien se le murió un ser querido, pero es una pelotudez. “Pibe, tu perrito está en el cielo, y de ahí te está mirando, ve todo lo que hacés así que portate bien. Desde allí también te cuida”.

Como soy un ser pensante y contradictorio (es lo mismo), les digo que el cielo existe. ¿Están más tranquilos ahora? Van a ver como cierra todo. Yo, el papa Francisco y todos ustedes pensamos lo mismo, es sólo una cuestión de interpretación.

Cuando nos morimos vamos al cielo. Lo que queda de nosotros está en el cielo. Desde el cielo nos observan y nos aconsejan, ayudan, etc, etc y etc. Todo es cierto y correcto, ¿pero saben dónde queda el cielo? Está mucho más cerca de lo que ustedes piensan. El cielo está en las mentes de todos aquellos nos recuerdan, en todas esas personas en las que llegamos a imprimir algo en sus mentes, allí sobreviviremos a nosotros. Nuestro cielo está distribuido en esas mentes, más precisamente en los recuerdos de todos los que fueron conscientes de nuestra existencia, a quienes les ocuparemos un poquito de alma. Desde ahí perduraremos, y perduraremos mejor que intactos, ¡¡¡porque los recuerdos mutan a favor del muerto!!!

Les aseguro muchachos que nosotros tenemos el cielo asegurado, nuestras almas están cargadas de recuerdos. Yo sé más de Marmorato que él mismo, el sabe de mí mucho más que yo. El Mirlo contará mis historias a sus hijos y expandirá mi cielo. Cuando yo no esté aquí, estos pibes contaran las historias de Alcoyana con lo poco que se acuerden y con lo mucho que le van a agregar, de acuerdo al afecto que me tienen a mí y aquel que les transfiera su padre.

En Balcarce, el cielo ha evolucionado con el paso del tiempo y se ha perfeccionado. Allí las anécdotas de barrio se vuelven justas épicas, y los usureros, cagadores y traidores, son apenas apostillas en los cielos de los generosos, en los cielos de sus víctimas. Para estos tipos sólo queda deambular en la nada, en el olvido.

-¿Y el infierno? Turco, ¿existe el infierno?
Claro que sí. El infierno está en nosotros, el infierno es viajar parado en micro a las 2 de la tarde, es la angustia de domingo. El infierno es esperar. El infierno es un espantoso desierto hecho de olvido.

No nos preocupemos por el infierno y construyamos más cielo. En este momento, allá atrás hay un tipo del barrio medio nerd que no para de escribir en su libretita y que seguramente difundirá esta alocución. De acuerdo a la suerte que tenga con esa difusión, con la ayuda de la imprenta, la tele, la radio y la internet, podría llegar a instalarme en un cielo enorme, alojado en mentes que no conozco ni de vista! Ese cielo es valioso, pero es un lujoso cielo para artistas; a mí me gusta mucho más el cielo cercano, ese que está en quienes me conocen bien: mi cielo balcarceño.

Enrike, 2014.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Pañuelito reparador

En el Bar Savoy, Balcarce, provincia de Buenos Aires, Argentina, existía una mesa donde, por algún extraño conjuro, todas las parejas se sentaban para separarse. De cada ruptura, de cada pareja, poca cosa quedaba: dos tacitas de café tibio y lágrimas. Lágrimas de hombre, lágrimas de mujer, lágrimas de hombre y de mujer.

Chuleta, el mozo, levantaba las tazas, limpiaba la mesa, pero le daba cosa pasar su mugroso trapo rejilla por las lágrimas, y las secaba con su pañuelo de saco. Así, este pañuelo acumuló muchísimas lágrimas de ruptura que le confirieron un inmenso poder: podía reparar cualquier cosa rota que tocara. 

Muy pocos sabían de la existencia de este pañuelo. Un día, el Turco Alcoyana me avisa que Chuleta quería hablar conmigo. Nos encontramos en la vereda del Savoy. Chuleta me lleva al frente de la Casa Boo y me cuenta:

-Bueno pibe, el Turco ya te habrá hablado de este pañuelo reparador. Te cuento rápido la historia. Me di cuenta de su poder cuando advertí que si ponía los billetes de propina en el bolsillo del pañuelo, cuando los sacaba al terminar la noche estaban impecables, siendo que, como todos sabemos, la gente deja de propina el billete más maltrecho [1] que tiene. En un principio me pareció divertido, no tenía idea de la dimensión del poder del pañuelo y lo usaba para boludeces; para arreglar las asas rotas de las tacitas de café, para reparar los vasos rajados y cosas así. Un día le reparé una rajadura en la tapa de cilindros del Valiant a Marmorato y me empecé a asustar.

-Pero eso es fantástico!

-Si, sin duda es fantástico, pero eso no siempre es positivo. Me entusiasmé, usé el pañuelo desmesuradamente; comprobé que podía reparar cualquier cosa, material o no, y me di cuenta que eso no era bueno: no tenía miedo de romper nada, porque podía reparar cualquier cagada que hiciera. Y sabés una cosa pibe, es muy difícil vivir sin miedo. El miedo te moviliza. Sin miedo todo se vuelve gris clarito, casi blanco. No podés ser guapo ni cagón. La vida se te vuelve una sucesión de continuos y ahí estoy yo inmerso con mi esposa. Sin miedo a perderla voy dejando de amarla. No la celo, porque no temo perderla; tampoco la extraño, porque extrañar también exige miedo. Quiero amarla o dejarla, pero no puedo lograr ninguna de las dos cosas. Cada vez que intento rajarme de casa, al verla llorar agarro el pañuelo y todo vuelve a comenzar. Así, este fantástico pañuelo de mierda me fue encerrando y es mi condena. Lo lavé con agua, lavandina, aguarrás y nada ¡Su poder permanece intacto pibe! Intenté romperlo, quemarlo, pero no hay caso, se repara solo y aquí está, siempre listo para seguir reparando todo, aún aquello que no hay que arreglar!

El mozo balcarceño se queda callado un instante y termina: -Te conté todo esto porque no quería engañarte y quería que supieras la verdad de este pañuelo. Te cité porque Alcoyana me contó que sos mago y creo que te vendría bien para tus presentaciones. Si lo querés, es tuyo. Te lo voy a agradecer toda mi vida.

Me dio miedo y no supe que hacer. Le dije –Gracias Chuleta, lo voy a pensar. Le di un abrazo y me fui caminando y pensando para casa. Saco las llaves del bolsillo de la campera y cuando voy a abrir la puerta veo que mi viejo y cachado llavero ¡estaba impecable! Reviso en el bolsillo… y encuentro el pañuelo! 

Así fue como Chuleta me endosó este pañuelo de mierda. A veces lo odio, pero a veces hasta le estoy agradecido. Muchas veces intenté borrar todo rastro de este cuento, pero otras tantas lo recuperé con el pañuelo, porque me dio miedo de no escribir nunca más otra cosa. Ese miedo me tranquilizó. Algo había cambiado.

Enrike 2013.

Nota: Este cuento es un desprendimiento de un guión de un juego de magia que ya representaremos en Letra y Música cuando SyZed termine el tema: “Dame miedo, mi pañuelito reparador”

[1] Es el billete que queda en el exterior del grupo de billetes;después de ordenarlos por valor, cabeza con cabeza y los más rotos afuera. Esto hace un amigo mío, que también esconde el cambio para no se lo vea el kioskero!!!

lunes, 4 de febrero de 2013

Plaza Tito García

Tito García no sabía que hacer con su vida, y por eso hacía nada. Su infancia fue fácil. Tenía que ir a la escuela y allí iba. Su adolescencia también pasó bastante bien. Tenía que ir a la escuela a la mañana y algunos días a educación física por la tarde. Eso era todo, y eso hacía. La vida se le complicó cuando terminó la escuela: debía decidir si trabajar o estudiar. Esto era demasiada decisión para él; entonces no decidió, o decidió no decidir: decidió esperar. Esperaba y esperaba que algo ocurriera, que alguien lo obligara a hacer algo; pero nada, nadie le hacía nada. Nada, ni un acto perverso que generosamente lo perturbara un poco.

Una tarde de un abril, Tito esperaba tranquilo en una plaza, sin desesperar, con la esperanza lábil de quienes esperan nada, cuando de pronto se encontró en medio de una manifestación: una multitudinaria marcha por los derechos de los daltónicos. Las demandas eran razonables y apuntaban a conseguir un trato justo e igualitario. Pedían que la televisión vuelva a ser en blanco y negro para tod@s; cambiar las luces de los semáforos por letras “¡pará che!”, “¡guarda!” y “dale nomás”, que se incluya en cada tomate una barra indicadora de su nivel de maduración, y que se prohíba el pelo color zanahoria y pelirrojo en las mujeres de más de 50; también el spray y el uso de paraguas.

La manifestación se desarrollaba normalmente, pero de pronto comienza una violenta represión, palos, golpes, empujones, gente arrastrada de los pelos que se resiste a subir al móvil policial. En ese revuelo, una bala perdida y Tito queda tirado en el piso bañado en sangre. Los manifestantes creen que son manchas  de pasto por los arrastrones y lo dejan ahí, hasta que un infiltrado advierte que se estaba desangrando y llama una ambulancia. Cuando llega, Tito ya está muerto, envuelto en pancartas verdes, rojas y grises.

La policía revisa su teléfono celular y encuentra que tenía sólo 3 contactos: Mamá, Papá y Edelap. Su mamá no contesta, tampoco su papá; habían fallecido  2 años atrás en un accidente. Edelap, notablemente acongojado, contesta: “Al día de la fecha no registra deuda por consumos ni servicios”.

Su cuerpo es velado 5 días en el salón rojo punzó de la Asociación Daltónica Argentina. En los diversos actos realizados en su memoria, muchos amigos  cuentan que extrovertido que era, otros aseguran que era muy introvertido y que era un excelente deportista, aunque no practicaba deportes. Tod@s destacaron su gran sensibilidad social, su preocupación por las minorías y los oprimidos, y el levante que tenía con las mujeres. En fin, un pibe con un gran porvenir por delante. Su muerte fue una gran pérdida para la sociedad.

Tito es instituido como un mártir. Le ponen su nombre a la plaza Sargento García donde murió; se levantan capillitas en todas las plazas redondas del país, donde aseguran produce milagros y te ayuda a salir de la plaza en la derivación correcta y deseada. Es habitual ver a los automovilistas que no pueden salir del círculo, dejar como ofrenda tomates y alfajores “capitán del espacio”. Los peatones que no pueden cruzar y quedan allí atrapados, venden en las capillitas muñequitos, estampitas y el chupetín milagroso frutilla-menta de Tito García.

Las virtudes y los poderes de Tito se incrementan día a día. Pueden encontrarse capillitas en todo Latinoamérica, y también pastores especialistas en su fe.

Tito no sabía que hacer con su vida. Supieron que hacer con su muerte.

Enrike 2013.

viernes, 25 de enero de 2013

Saltimbaya fornicadora

Ulises Garsú, ya de niño, pintaba para científico. Garsú es un tipo curioso, curioso de caso curioso y curioso de tener curiosidad. Exploraba cuanta cosa le parecía curiosa y todo le parecía curioso. Qué curioso, ¿no? En esta búsqueda descubrió una nueva especie balcarceña: la saltimbaya fornicadora, también conocida como garsusius fuckingbugsis. 

El niño Ulises, dando vuelta macetas para sorprender caracoles babosas, bichos bolitas y otras alimañas amigas de la humedad, descubrió un animalito parecido al bicho bolita, pero con menos patas, parecido a la lombriz pero con más patas y con algo de caracol pero con menos vueltas. Digamos que se parece a tantos, que no se parece a nadie, como los bebés recién nacidos. Tal como ocurre en este último caso, es vital encontrar algún parecido; digamos entonces que es igualito a una salamandra chiquita un poco alombrizada.

La característica distintiva de este animalito es que está todo el tiempo fornicando, aun mientras duerme, lo cual lo vuelve muy interesante para niños observadores en edad de observar. La saltimbaya fornicadora fornica de a pares, aunque no es raro encontrarlas haciéndolo en grupos reducidos, de no más de 15 o 20. 

El científico balcarceño descubrió, ya de grande, que este comportamiento se debe a que cada saltimbaya no es completa y no puede sobrevivir sola. En el contacto íntimo, una saltimbaya obtiene de la otra las substancias necesarias para la vida, que su cuerpo no produce. No todas las saltimbayas son iguales, cada una produce distintas substancias y por eso suelen fornicar entre varias para obtener todo lo necesario. En este caso, se forman esos arreglos grupales que un ojo superficial puede interpretar como simples orgías. También existen casos donde un espécimen de saltimbaya se complementa perfectamente con otra y se mantienen fornicando entre si. 

Ulises especuló que con semejante actividad sexual, la reproducción de estos animales debería ser descomunal, pero observó que presentan una muy baja tasa de natalidad. El apareamiento no se produce en el acto sexual sino -por el contrario- cuando dejan de fornicar y se miran a los ojos. Curioso, ¿no?

Enrike, 2013

martes, 6 de noviembre de 2012

Pintura de nada

En los 80, Ulises Garsú, célebre científico y farmaceútico balcarceño, desarrolló una pintura de nada. Su invento surgió con la intención de perfeccionar el “liquid paper”, un producto muy utilizado en aquellos años para “corregir” errores de escritura. Como todos saben, este líquido es una simple pintura blanca que tapa el error y uno escribe arriba. Garsú no podía tolerar semejante porquería y dedicó sus noches de guardia a desarrollar una pintura de nada. Esta pintura se aplicaba sobre el error y lo tapaba con nada: la hoja quedaba intacta como antes de escribir. Una verdadera maravilla.

La pintura Garsú corregía errores en papel y eliminaba manchas de birome, café con leche, vino y choripán, entre otras. La pintura tenía muchas aplicaciones; por ejemplo Soguita siempre llevaba un pañuelo embebido en pintura de nada, y en cuanto lo apuraba un uniformado, lo pasaba sobre sus anotaciones quinieleras e instantáneamente quedaba nada. Los pibes en la escuela boludeaban con la pintura y borraban los tallados de los bancos. Los pupitres quedaban impecables, todos iguales, todos con nada.

En el prospecto adjunto a la botellita de pintura de nada se detallaba cuidadosamente el modo de uso y alcances, previniendo expresamente que sólo podía utilizarse sobre tela o papel. Los problemas aparecieron cuando la gente comenzó a experimentar sobre otras superficies y objetos.

La pintura sólo tenía efectos sobre cosas inanimadas, pero por alguna extraña razón sí funcionó sobre la Sra. de Pilitegui, quien se borró las arrugas de la cara. Las arrugas desaparecieron, pero tuvieron marcárselas con fibra indeleble, porque en lugar de las arrugas quedó nada: era imposible saber si la Sra de Pilitegui estaba enojada, triste o sonriente.

Algunos sostenían haber conseguido aplicar la pintura sobre recuerdos. No los tapaba por completo, pero diluía amores a anécdotas, anécdotas a imágenes e imágenes a nada.

La pintura nos mostró una verdad inapelable: cualquier cosa que analicemos está bien para alguien y mal para otro. Así, Otro tomaba pintura y la cubría con nada. Algo que para nosotros está espectacular sin duda es considerado un error para otro. El banquito pedorro que hicimos con nuestras manos, será un valioso tesoro para nosotros, pero un error -una porquería- para un garca de traje. El nombre tallado en el pupitre era valioso para alguien, pero una inmundicia para la directora, quien lo tapó con nada. El precioso valiant de Marmorato era considerado una porquería por el Dr Pilitegui, que en un acto de crueldad infinita lo convirtió en nada mientras los muchachos estaban en un partido de la liga infantil.

Los muchachos del Alas no utilizaban mucho la pintura porque están bien orgullosos de sus errores; pero es honesto reconocer que algunas veces salieron con tachos de pintura de nada e hicieron alguna macanita. No dejaron ni una placa de bronce en las paredes del pueblo y en respuesta al acto de Pilitegui, le borraron la puerta de la caja fuerte y los picaportes de su Mercedes Benz.

Como todo es un error para alguien, la nada se fue apoderando de todo. Una nada sin alma, que se propagaba a través de gente común -ni mala ni buena- que oficiaba de vectores. De a poco sólo quedó nada. Todos vivíamos deambulando por la nada. Nada pasaba y nada podía pasar. Algo más monstruoso aún: mucha gente se sentía tranquila y segura en este estado.

Garsú advirtió la cagada que se había mandado. Utilizó la pintura de nada que le quedaba para borrar todas las anotaciones que pudieran ayudar a reproducirla y pintó todo el equipo de producción de la pintura. Borró así todo vestigio de la pintura de nada, que quedó reducida a nada. Restaba la tarea más formidable, la más heroica nunca realizada: obtener algo de la nada. Garsú trabajó incansablemente en la búsqueda de un antídoto, una pintura que removiera la pintura de nada y dejara lo original. Por suerte funcionó  y volvieron a nuestras vidas las cosas, cosas que son bellas y necesarias para nosotros y consideradas errores por otros.

En un principio, tal vez medio pirado por el esfuerzo, Garsú se instituyó como un diosito y comenzó a aplicar su removedor de nada sólo donde él quería. Les cuento que Balcarce, visto con ojos de muchacho del Alas estaba precioso, pero los mismos muchachos lo convencieron para que dejara todo como estaba antes de su invención. Tranquilo y descansado, Garsú admitió que la filosofía del liquid paper no es tan mala: tapa, pero lo original queda. Aquello que surgió de nuestra primera intención permanecerá allí abajo, aletargado, esperando que algún revisionista raspe prolijo lo evidente para que aflore lo subyacente; mostrando que lo desechado no estaba tan mal; que hay errores bellísimos; que muchos errores nos llevaron por caminos que nunca se nos hubiera ocurrido transitar con la razón y la experiencia; que los hemos tapado precisamente por eso, porque no acuerdan con la razón: son dislates que no podríamos explicar. Muchas cosas que en su momento consideramos errores, hoy forman parte de nuestros aciertos. Descubrimos también que la mejor decisión no siempre es aquella que se puede justificar con la razón. Eso sólo sirve para tener alguien o algo a quien culpar si todo sale mal, pero no es suficiente; y nos priva del abanico de decisiones irracionales, de las contrainductivas, de las pasionales, de las locas, de todas estas que nos sacan de la autopista para hacernos felices. ¡Aguanten los errores! ¡Aguante fallar!


PD: “Aguante fallar” es frase de Joako Spinelli. Considérese este texto como una interpretación.

Enrike, 2012.

domingo, 3 de junio de 2012

Bien Cortos #1. Para vagos y ansiosos

uno
Nacieron en Balcarce, el mismo dia, en el mismo Hospital, se llamaban Alberto y Alberto. El apellido del primero era Diaz y el del otro Diaz. A uno le decían Tito, al otro Tito. Tito era más bueno que el arroz con leche, pero Tito era flor de hijo de puta. Eran amigos, pero un día se pelearon mal. Terminaron internados en el mismo neuropsiquiátrico.


dos
Se movía tan natural desnuda que parecía haber nacido así.
Dormía como gestándose, para nacer en cada despertar.
Un día una, otro día otra. Todas ella.


tres
El tipo harto de su vida sale a buscar la muerte y justo se encuentra con un chorro que lo quiere afanar. Aprovecha, y le dice que no le va a dar nada a menos que lo mate. Resulta que el chorro era la parca misma que le contesta: “No te voy a matar porque de todos modos me darás nada”.


cuatro
Eh! ¿Así que sos ecologista y progre? Andá! Tu jardín luce bastante miliquito. ¿Qué pasó con los cardos y las pajas viscacheras? ¿Se autoexcluyeron o los hiciste cagar? Cómo puede ser que los rosales broten en línea sin molestar al césped inglés? ¿Eso es natural? Ves, a veces no hace falta revisar el closet ni el facebook, basta con mirar el jardín! … y yo sólo quería ver el jardín!


y cinco.
Complacientes.
-Hola Dulce ¿Cómo estás?
-Ya sabés Bombón; yo estoy bien si vos estás bien ¿Vos como estás?
-Yo también estoy bien si vos estás bien, pero vos… ¿Cómo estás?
-No lo sé. Dale, decime como estás vos, así puedo sentirme ¿Cómo estás?
-¡Ah no! ¡Turra egoísta! Decime de una vez como te sentís VOS, así puedo saber si YO me siento bien o mal.
-¡Eh! ¡Forro hijo de puta! ¡VOS tenés que decirme como te sentís, que hace rato me tenés acá sin saber como sentirme!
-¡Andá a cagar, loca de mierda!
-¡Pero sí! Y vos andate con tu vieja ¡Pelotudo!


Enrike 2012.

lunes, 7 de mayo de 2012

Historias de Otros 1. Rito Futbolero


Siempre me gustó escuchar conversaciones ajenas. En el micro, en el bar, caminando, en los locutorios. Así he recolectado varias historias que me han disparado cuentos. Trato aquí de perdurar una historia que hurté en el Bar Savoy, unos meses antes de su cierre definitivo.



Rito futbolero 

Con mi Viejo tenemos un rito desde siempre: todos los domingos, que también han sido sábados, nos juntamos a ver los partidos de San Lorenzo. La ceremonia fue cambiando en la búsqueda de mejores resultados, hasta que finalmente adoptamos la combinación que nos permitió ascender en el 82: empanadas de M&P, Coca-Cola en envase de vidrio y helado de Gianelli. Algunas temporadas, aún desplazándonos fuera de nuestros dominios, nos costó conseguir algunos de estos suministros, y tuvimos que reemplazarlos. Esta es la única causa de algunos nefastos partidos, como cuando tomando coca-cola en envase pet no logramos impedir el 0-4. El trasvasado a botella de vidrio nunca funcionó.

Estoy seguro que mi viejo me hizo de San Lorenzo, pero creo que yo luego lo mantuve cuervo; y en gran parte por esta comunión de empanada semanal. Es un rito que mi viejo parecía disfrutar conmigo, que a mi me encantaría disfrutar con mis pibes y que me gustaría observar en mis nietos.

El rito tenía mucho de liturgia, mucho de obsesión, algo de oscurantismo, pero nada de secreto. Todos en la familia conocían de esta ceremonia y mi esposa tomaba como algo natural, que yo viajara todos los domingos de Balcarce a Mar del Plata a visitar a mi papá. Así, en una época viajé religiosamente todos los domingos que pasaba religiosamente encamado con una morocha amiga. Con ella pasaba domingos sin tristeza, sin angustia, sin presión. El mundo terminaba en ese departamentito de Colón, que no podía atacarme y hasta me contenía. Por momentos hasta me creí feliz.

Esa tarde dominguera transcurría como siempre, con intervalos de actividad y de calma. Llegada la nochecita me acordé de mi viejo y me inundó la angustia, como si toda la tristeza de domingo se concentrara en un instante y en mi pecho. Viejas tardes de partido me pisoteaban todas juntas. En un momento la angustia fue tan grande, tan desesperante que necesitaba aire, necesitaba salir y le dije: -Negra, es tardísimo, me voy a tener que ir, mi mujer puede sospechar. Me abre la puerta de abajo, doblo la esquina y empecé a correr, y corrí, corrí como un perro que escapa, como un matungo que necesita sudar la falopa que tiene encima, como un toro que quiere enfrentarse a si mismo ...y corrí, y corrí y corrí y no me calmaba.

Corrí 10 cuadras, 15, corrí 17 y llegué. ¡Llegué Viejo, llegué!, ¿Ya empezó? -Está por arrancar, agarrá de humita que están buenísimas. -¡Excelente! No sabés Viejo, ¡puta madre casi no llego! ¡Se rompió el micro por El Coyunco! 


Enrike 2012.

jueves, 5 de abril de 2012

Paredes enamoradas

Hace muchos años que Soguita vive una habitación de cuatro paredes. Dos de estas paredes, que son opuestas, están enamoradas. Parece que el romance comenzó un invierno lluvioso que Soguita colgó un cordel de pared a pared para secar la ropa. Vaya a saber que cosas intercambiaron estas paredes durante ese invierno. 

Cuando llegó el verano, Soguita retiró el cordel y de ahí en más sólo podían mirarse, percibirse, pero estaban imposibilitadas de trasmitir emoción alguna. Intentaron comunicarse con manchas de humedad, pero el proceso era muy lento. Durante años sólo consiguieron decirse “sos mi sol”, “vos apartás las nubes de mi cielo” y algo que parecían ser lágrimas. Luego de un tiempo, las paredes enamoradas descubrieron cómo comunicarse mediante las paredes intermedias, que oficiaban de mensajeras. Aquí comenzó el quinielero a escuchar las conversaciones en el respaldar de su cama, que apoya en una de estas paredes de tránsito.

Ambas paredes nacieron el mismo día con diferencia de apenas una hilada; ambas de igual material y producidas por las manos del mismo albañil: las dos parecían ser la misma cosa y es difícil creer que tuvieran algo para decirse. A través de las escuchas, Soguita descubrió que eran muy distintas; una pared daba al norte y la otra al sur, lo cual fue la impronta de sus vidas. La pared sur sabía de sol, de visitas en su ventana, de veranos, de inviernos. Los días de la pared norte eran opacos; ella sabía de humedad, de musgos y de caracoles babosos; todas cosas deslumbrantes para su amada pared sur.

En un  principio el quinielero pensó que las conversaciones que escuchaba pasar por el respaldar de su cama eran producto de la ginebra, pero no: con vino o con gancia percibía las mismas charlas. Pensó entonces en dejar la bebida, pero no encontró razón para hacerlo; pues disfrutaba tanto de tomar como de las conversaciones entre sus paredes. Cuando le contó a sus amigos sobre las conversaciones que escuchaba, los muchachos del Alas no dudaron un instante y se pusieron a trabajar. Si, a trabajar.

En sólo dos días y 6 asados, los muchachos demolieron dos paredes, identificaron cada ladrillo de Norte y la reconstruyeron en esquina con Sur. La noche que terminaron la obra, tiraron colchones al piso y se quedaron todos a dormir en la pieza de Soguita, ansiosos por escuchar la conversación entre Norte y Sur. Para mejorar sus cualidades perceptivas se aplicaron generosas dosis de ginebra, gancia y vino El Zaragozano.

La charla entre paredes se inició a medianoche. –Sabés una cosa, ya no me interesás, estoy enamorada de Oeste.  –Esta todo bien, yo no sabía como decírtelo, pero estoy saliendo con Este.


Enrike en colaboración con Sy Zed, 2012

miércoles, 7 de marzo de 2012

Patio de malvones

Otra mudanza. Otra vez me encuentro en una casa en blanco. Bueno, en realidad, no tan en blanco, no tan sin vida. La recorro e intuyo su historia; reconozco territorios de niños, territorios de comida, de mate y de intimidad. Las huellas y la mugre localizada me permiten conocer donde estaban los muebles, por donde se vivía fuerte y por donde apenas se transitaba.

La casa no está muerta pero si dormida, inconsciente. Esta sensación cambia cuando llego al jardín. Allí encuentro, alineaditos en un cantero, un prolijo grupo de malvones que parecen preparados para una requisa, tal vez temerosos de que la nueva dirección imponga cambios botánicos drásticos. Estos malvones son una isla de vida inmersa en un indiferente y sórdido yuyal.

Me quedo un rato husmeando la memoria de la casa y me voy completo de sensaciones propias y apropiadas. Regreso el día siguiente con ganas e instrumentos de limpieza. Salgo al jardín y advierto que ¡hubo fiesta! Los malvones estallaron en semillas, en flores, en colores y en aroma. Es sólo aroma a malvón, el único que saben producir estos malvones, pero ese olor se interna en mi memoria y me conduce a una iglesia. Allí soy un pibe chiquito de la mano de mis padres, caminando lento por el lateral de los santos.

Mi mamá enciende una vela, mi papá va al confesionario y yo me quedo mirando velas y flores. En un florero hay unas flores coloradas con una fragancia muy particular, que dispara mi imaginación y me lleva a verme adulto, padre, iniciando una casa con patio de malvones.

Enrike 2012.

lunes, 6 de febrero de 2012

Una mujer en Balcarce

En abril del 70 había sólo una mujer en Balcarce. Nunca se supo con claridad las causas de esta catástrofe, pero seguramente tuvo que ver con la oferta laboral de las procesadoras de pescado de Mar del Plata, la falta de alguna cosa o la abundancia de alguna otra. El asunto es que en todo el pueblo había una única mujer.

Era la más linda, la más simpática, la más inteligente, la más sensual. Era única e incomparable. Se llamaba Elvira, todos la amábamos y ella lo sabía.

Podía elegir a quien quisiera, pero en todo Balcarce no existía el hombre que ella buscaba. Debía ser brillantemente inteligente y deportista destacado; canchero, lindo y fiel; tener muchos amigos pero estar siempre con ella; debía ser poeta y vigoroso; padre responsable y aventurero; un tipo sensible que se llevara el mundo por delante.

Estaba claro que la pareja para Elvira no existía; por eso la compuso con varios hombres. El Doctor Garsú componía el inteligente, Alcoyana el poeta, Romualdo el sensible y así, con varios más armaron el hombre de Elvira, quien disponía de ellos a su antojo.

De todos modos, Elvira nunca se sintió conforme, y luego de un tiempo se dio cuenta que su pareja debía también incluir alguna mujer. Esto no fue posible, y un domingo de mayo se fue del pueblo insatisfecha.

Enrike 2012.

jueves, 26 de enero de 2012

Presente continuo

En el club Alas Balcarceñas se vive en un presente continuo o, según los otros, en un pasado continuo. Como ya se ha dicho: en el Alas, el futuro ya pasó.

Acorde con esto, las acciones de los muchachos sólo pueden describirse correctamente en presente continuo. Los muchachos están tomando un vino. Los muchachos están jugando al truco. Alcoyana está pensando. Si Alcoyana pensó, no nos importa, sólo nos interesa las consecuencias que esto tiene en nuestro continuo presente, que seguramente se están manifestando en lo que Alcoyana está pensando. Por eso mismo sí valoramos los recuerdos. Este simple detalle es toda una filosofía de vida que nos lleva a vivir en presente continuo o, siempre que se pueda, en presente fuerte, que consiste en las sorpresas. Estas gratas situaciones no fueron programadas, es decir no tienen conexión con el futuro, ni pueden predecirse a partir de la información disponible, es decir tampoco tienen que ver con el pasado.

Como dice el Turco: “No hay que vivir de recuerdos, hay que vivir para producirlos”. Es decir, hay que vivir intensamente de modo que las anécdotas y los recuerdos ocurran. Tampoco hay que andar a lo loco, jugando al ring-raje y gritando en la calle, sólo para generar anécdotas.

Los muchachos la tienen clara, pero siempre aparece un ajeno que no entiende: 

-¿Van a hacer un asadito?

-Disculpe Don, pero no entendemos su pregunta.

-Veo que están prendiendo el fuego, por eso les pregunto si van a hacer un asadito.

-Marmorato ya lo miró fiero y con el fondito de calma que le quedaba le repitió: -No entendemos su pregunta.

El tipo algo asustado intentó: -¿Qué están haciendo?

-Ah!, estamos prendiendo el fuego, estamos charlando, estamos tomando un vino y estamos siendo molestados por un pelotudo.

-Disculpe Marmorato, sólo quiero saber si está aquí el poeta Alcoyana.

-No está. Está asistiendo estratégicamente al Mirlo, quien está corriendo corderos pasando el cruce.

-No sabe a qué hora vendrá?

Eso fue el baldazo que rebalsó la tacita de café. No querrán saber lo sucedido.

Enrike 2012.

Sobre la lateralidad de los sentidos

Ciencia y Tecnología
Lateralidad de los sentidos


Científicos recontranorteamericanos demostraron la lateralidad del olfato. Curiosamente los nervios olfativos no se cruzan, es decir la fosa nasal derecha va al hemisferio cerebral derecho y la fosa nasal izquierda al hemisferio izquierdo. Los demás sentidos sí van cruzados. Las percepciones de nuestra inquieta mano derecha son procesadas en el lado izquierdo del cerebro y las cachetadas, que generalmente recibimos del lado izquierdo de nuestro rostro, van para el hemisferio derecho.

Todo esto es tan anatómico como aburrido. El punto interesante es que el olfato tiene una marcada lateralidad. Así, el olfato emocional viene por la fosa derecha y el olfato racional por la izquierda. Si entramos a una cocina y olemos exclusivamente por la fosa nasal izquierda podemos asegurar que hay olor a comida con carne y vegetales. Si lo hacemos con la derecha percibiremos un hermoso aroma que nos transportará a esas mañanas donde el estofado hervía por horas, dándonos tiempo para varias incursiones de pan mientras la abuela Teresa miraba para otro lado. Si bien el estofado de hoy seguramente está basado en una despreciable lata de salsa, igualmente nos arranca un lagrimón. Si nos ponemos muy emotivos no hay problema, tapamos la fosa derecha y sólo percibiremos olor a benzoato sódico.

Esta información llegó al Dr. Ulises Garsú, quien no se quedó con esto y extendió su investigación de lateralidad a todos los sentidos, recolectando datos en busca de acuerdos y absurdos en esta teoría. Garsú validó científicamente el conocido dicho popular: “Desconfiado como gallo tuerto”. No sólo aportó el basamento téorico a este dicho, hasta entonces apenas apoyado en observaciones dudosas e incomprobables, sino que estableció interesantes precisiones. El científico balcarceño demostró que efectivamente todos los gallos tuertos son desconfiados y encontró que todos son tuertos del ojo izquierdo. Ustedes se lo preguntarán y por supuesto que Garsú se lo preguntó antes, ¿Cómo puede ser que todos los gallos sean tuertos del ojo izquierdo? Bien, Garsú demostró que no es un tema de lateralidad de los accidentes sino de selección natural. Los gallos quedan tuertos del ojo izquierdo o derecho con igual probabilidad, pero sólo los tuertos del izquierdo (los desconfiados) sobreviven. Los tuertos del derecho son una especie inestable de corta vida y muy difícil de hallar.

Se plantean aquí dos formidables enigmas: ¿Por qué ser racional conduce a ser desconfiado? ¿Por qué los confiados no sobreviven? Dicen que Ulises tiene precisas respuestas a estos interrogantes, pero son tan desesperanzadoras y su conocimiento puede tener consecuencias tan nefastas, que Garsú ocultó los resultados de sus investigaciones en una especie de caja de Pandora: una lata de leche Nido fondeada en el arroyo El Pantanoso. De este modo transfirió su decisión al azar y al destino. Si se encuentra la lata antes de su deterioro, estos escritos se conocerán, de lo contrario serán apenas pulpa de papel en aguas de peces analfabetos.


Enrike 2012

sábado, 14 de enero de 2012

Pizza Mandala

Los muchachos del Alas Balcarceñas siempre salieron muy poco fuera de su club, pero solían ir al bar de Moschetto y a la pizzería “Don Nicola” de Merlo. Ellos habituaban estos lugares porque eran de esos negocios personales, que  con su personalidad alimentan a la esencia de un pueblo. A su vez, un pueblo es el único hábitat posible para estos sitios. Aquí, las cadenas y las franquicias no funcionan[1] porque no tienen personalidad y no puede ser de otro modo, pues no tienen personas: tienen CEO, pizzero junior, pizzero senior y pizzero despedido. En estos lugares todo es siempre igual y algo que no cambia es la nada. Por el contrario, cada pizza Don Nicola es única, irrepetible y un claro reflejo del estado de ánimo del pizzero en ese instante. Son fotos de su alma.

En las cadenas, el cliente promedio tiene razón. En Don Nicola, el amigo es quien tiene razón. Yo mismo vi a Marmorato sacar a patadas en el culo a un cliente que pidió cerveza -¡Cómo va a tomar cerveza con pizza Don Nicola! ¡Sacrilegio! [2]

A los muchachos les agradaba esta pizzería porque Merlo, su dueño y pizzero, es inquieto como Marmorato, personas que no se conforman con lo clásico y establecido. Este célebre pizzero balcarceño inventó la pizza rellena, la pizza enrollada y siempre fue por más. Tan es así que en un momento ya no hizo más pizzas sino mandalas, la masa era sólo una excusa, un sostén, un soporte para su expresión, que fluía a través de estas obras geométricas.

Como dice wikipedia, los mándalas son diagramas o representaciones esquemáticas y simbólicas del macrocosmos y el microcosmos. Son obras de tipo geométrico, en general circulares o cuadradas, aunque Merlo también las exploró triangulares, cilíndricas, lanceoladas y sagitadas Las preparaba con rodajas de salamín, morrón, aceitunas y aquello que tuviera a mano. Todo precisa y prolijamente posicionado, inclusive cada una de las hojitas de orégano, que disponía en perfecta simetría. Por supuesto que demoraba muchísimo, pero esto no era ningún problema para los muchachos, que valoraban el arte de su amigo. Además, Merlo demoraba mucho en preparar las pizzas, pero mucho más demoraban ellos en pagarle.

-Eh Nicola, ¿cómo se te ocurrió esto de los mandalas?
-Ejem, “mandala” en sánscrito significa “círculo sagrado” ¿Que más sagrado que esta pizza que estoy posando en vuestra mesita, que será compartida entre amigos, como hostia consagrada de muzzarella y regada con moscato Crotta? Esta obra contiene mucho de mí, es casi yo y pasará a formar parte de vuestro cuerpo. Soguita se quedó pensando un poco, tal vez algo impresionado, pero Marmorato y Alcoyana asintieron con la cabeza sin parar de devorar mandala y escupir carozos a la vereda.

-Me alegra mucho que les gusten mis obras. No se si será porque estos mandalas lo merecen, o porque me aprecian. En cualquier caso ¡me alegra mucho!

Cómo toda obra de arte, los mandalas permitían pispear el estado de ánimo del artista. Si aparecían mandalas de morcilla, Alcoyana desplegaba todo su arsenal de chistes y hasta Soguita se esforzaba con alguno. Era maravilloso cuando aparecía un mandala con morrón tricolor. Ahí abrían todas las puertas y ventanas del local, Alcoyana se sentaba en la ventana con los pies colgando para afuera en la 17, recitaba poemas a cada una de las mujeres que pasaban y las invitaba a sentarse a la mesa.

-¿Pizza? ¿Porque mejor no me regala un jazmín?
-No, jazmín no. Te voy a regalar una cebolla y un morrón colorado. ¡Merlo hará maravillas con blanco y rojo reflejados en el grisazul de tus ojos!
-¡Que ordinario! ¡Con una pizza de cebolla no va a atraer a una chica como yo!
-¡Tiene razón Señorita!, esa es la idea.

Un día ocurrió un hecho muy extraño. Llega el mandala a la mesa y las 4 aceitunas estaban en la porción que apuntaba a Alcoyana. El Turco quedó pálido, atónito. La cosa era muy rara porque en la pizza no se observaban los hoyos originales de las aceitunas, donde el artista las había posicionado mediante compás y transportador. Sólo había uno que reía y no era Merlo, era el destino.

Es cierto, Alcoyana se inquietó, pero rápidamente advirtió que las aceitunas sólo indicaban que algo iba a ocurrir. Cómo siempre e indefectiblemente ocurren cosas -buenas y malas- la señal no contenía información alguna: significaba nada.  El Turco siguió su vida como siempre, viviendo cada instante sin preguntar por el siguiente, dejando el destino sin efecto. Eso si, le jugó los 15 pesos que tenía al 444.

Los mandalas de Merlo tenían usos diversos. Eran notables sus propiedades relajantes, pues los muchachos se relajaban mucho luego de comerse un par de mandalas con moscato. Los mandalas Don Nicola fueron también un excelente canal de comunicaciones codificado. En colaboración con el quinielero Soguita se desarrolló un código que permitía representar números de 3 cifras en una pizza de muzzarella. Una especial permitía resolver hasta 2 decimales.

En la búsqueda de colores y texturas, nuestro artista hizo pizzas algo extrañas, bellas pero incomibles, como la pizza de remolacha con capuchones de birome bic y la de flores de Santa Rita con corcho rallado. Esto fue atentando contra la pizzería y con el tiempo el artista le fue ganando al pizzero. Los mandalas fagocitaron a las pizzas, el local se transformó en una galería de arte y finalmente cerró. Dicen que Merlo ahora hace buenos helados; pero mandalas… mandalas sólo para los  amigos.

Enrike, 2012.

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[1] Si una cadena comercial tiene éxito significa que el pueblo-ciudad se transformó en una ciudad-pueblo: una tristeza.

[2] Recuerdo este episodio en detalle. Estaba yo con mi papá, comiendo pizza en una mesita cercana al hecho. Mi viejo siempre tomaba moscato con la pizza y yo crush. No sé si del susto o qué, pero me deshice de mi botellita de gaseosa apoyándola en el piso contra la pared. Me serví moscato y le di un trago. Recibí la mirada de aprobación de mi viejo y me sentí iniciado.

domingo, 6 de marzo de 2011

Verdad en Custodia


En Balcarce existía un antiguo mito: aquel que lograra hacer dos compras consecutivas en la farmacia Rapacini pagando justo, es decir sin que le queden debiendo algún centavo o sin llevarse alguna pastilla de eucalipto, accedería a una gran revelación. El guardián de esta verdad era el propio Rapacini. El primero en intentarlo fue Marmorato, quien se dirigió al comercio con cambio, monedas y muy seguro de volver con la verdad.

-Una caja de cafiaspirina.  
–Son 1.25 
-Aquí tiene 1.25.  
Sintiéndose ya ganador, le pide:
-Ahora déme una cirulaxia 
-Son 5.34 
-Disculpe, pero no tengo monedas de 1 centavo, ¿puedo darle arandelas de 1/8?. 
-No caballero, discúlpeme usted porque le quedo debiendo 1 centavo.

Esa misma tarde comienza la caza de monedas de 1 centavo. Los muchachos obtuvieron varias de la fuente de la municipalidad y prepararon a su mejor matemático, el quinielero Soguita, con plata y cambio de distintas denominaciones para el encuentro. Inicia Soguita:

-Una caja de cafiaspirina (algo así como P4R).  
–Son 1.25 
-Aquí tiene 1.25.  
-Déme un tubo de calcevita.
-Son $4,541. 
-Bien, déme 10 tubos; aquí tiene $45,41 - y se acomoda sobrador en el mostrador.
El farmacéutico en ejercicio contrataca: -No, ¡por favor!, me está comprando 10 tubos, voy a hacerle un descuento del 7%, son $42,2313.
-Ya le hago un cheque.
-Aceptamos cheques sólo con compras mayores a $100.
-Bien, déme 26 tubos.
-Lo siento, sólo tengo 12.
-Está bien, se rinde Soguita y se va con aspirinas, calcevita y tres pastillas de eucalipto.

Finalmente llega la contienda de fondo: los colombófilos encomiendan al Dr. Garsú a la farmacia muñido de dinero, cambio y monedas. Rapacini, en cuanto lo vió entrar, comprendió que era el encuentro de su vida. Sin saludarse siquiera comienza Garsú:

-Una caja de cafiaspirina.  
–Son 1.25 
-Tome $1,25.
-Déme otra caja
-Cómo no, pero tome su dinero y devuélvame la caja anterior así le vendo una grande de 28. Son $2,30.
-Tome $2,30.
-Ahora déme dos cajas grandes de 28.
-Lo siento, sólo me quedan aspirinas sueltas.
-Bueno, deme 56. Aquí tiene $4,60.
-No Garsú, sueltas son un poco más baratas. Cuestan 15 por 1 peso. Son 3,733333333 pesos.

Garsú tenía resto, pero admirado por la jugada le ofrece tablas: -Déme un abrazo amigo Rapacini!
-Tengo 1.2 abrazos… pero se lo dejo en 1!

Así, la partida terminó en gran un abrazo farmacéutico. Tiempo después Rapacini y su habilidad se retiran de la caja y el mito quedó intacto, resguardado por prolijos profesionales y precisas tarjetas de débito.

En ese abrazo, algo le dijo Rapacini a Garsú en el oido. Nunca se conoció exactamente el secreto, pero parece que tenía que ver con mantener pequeñas deudas que nos liguen a las personas. Estas deudas, cuando no son enormes ni dolorosas, establecen sutiles lazos entre deudores y acreedores que los mantienen conectados. Por esto, los muchachos del Alas rara vez devuelven algo que les prestaron, pero al mismo tiempo prestan todo lo que poseen. En algún momento no tendrán nada propio, pero sí muchos amigos, deudores, acreedores, promesas y todo lo que necesitan para vivir.


Enrike, 2011.