viernes, 3 de diciembre de 2010
Romualdo Diaz
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Futbol con Alas
viernes, 15 de octubre de 2010
Pasto de potrero
Pasto de potrero
En la calle 9 había un potrero con un extraño comportamiento. Allí el pasto sólo crecía en los arcos y en la línea central, digamos que era un “negativo” del pasto típico de todos los potreros balcarceños. En este potrero el agua se acumulaba en los laterales; lugar donde sólo crecía alguna que otra paja viscachera.
Nunca se pudo conocer el porqué de esta rareza. Ingenieros del INTA tomaron muestras del fino césped, pero en cuanto perdía contacto con el suelo, el césped se secaba. Tomaron entonces muestras del suelo, que resultó totalmente común.
Cuando se dejaba de jugar en el potrero, el pasto se secaba en unos pocos días. Luego de un sinnúmero de pruebas y contrapruebas, el Dr Ulises Garsú encontró que para que el pasto creciera, debían jugar al menos 4 de una precisa lista de 12 niños del barrio.
Unos tipos de Mar del Plata, a cambio de un juego de camisetas blancas, llevaron a los pibes del barrio para mejorar su cancha de golf. Jugaron un ratito y toda la cancha quedó como un billar, a excepción de los greens que quedaron en tierra viva. Los dueños de la cancha la rediseñaron con enormes greens y pequeños bunkers.
Los niños crecieron, algunos se fueron del barrio, otros simplemente se hicieron adultos y dejaron de concurrir al potrero. Con el tiempo no quedaron niños de la lista que jugaran allí y el potrero se cubrió de cardos y pajas vizcacheras.
Pasaron muchos años. Era una tarde en Navidad. Unos cuantos pibes chiquitos estaban jugando a las escondidas entre el pastizal del potrero, cuando de repente todo el terreno quedó tapizado de un finísimo, verde e impecable césped futbolero. Los pibes -con total naturalidad- agarraron una pelota, cuatro medio-ladrillos para los arcos libres y empezaron el partido.
El Dr. Garsú, que había abandonado la investigación, se enteró del hecho e inmediatamente se acercó al milagroso lugar. En un primer momento pensó que tenía algo que ver en con la Navidad; y en verdad era así. Las fiestas de fin de año son instantes de regreso en Balcarce, donde se vuelve a visitar a los viejos. Los niños que jugaban eran los nietos de Darma, de Pichi, de Aurora, …, de Marta. Eran pibes del barrio.
Enrike, 2010.
miércoles, 22 de septiembre de 2010
Alcoyana habla de mujeres
Alcoyana habla de mujeres
Como todos saben, el Turco Alcoyana es el más prestigioso y prolífico filósofo balcarceño. Su fama ha traspasado las fronteras de la ciudad, pero no así él, quien es muy reacio a salir de Balcarce. El Turco es frecuentemente entrevistado por distintos medios, que se acercan a él para obtener su opinión atemporal sobre distintos temas, desde los más sublimes y humanos hasta los económicos. Transcribiremos aquí una más de las entrevistas al pensador balcarceño. En este caso se trata de una nota realizada para la revista femenina “Recontramujer”
Buenas tardes, Alcoyana. Estoy preparando una nota sobre la mujer balcarceña y todos los caminos me conducen hacia usted.
Viéndola a Usted llegar no me arrepiento en absoluto de haber dado todo lo que tengo para dibujar el camino que la ha conducido.
Usted es un todo un seductor ¿A mi, … que me daría?
Le daría mi corazón, pero ya me lo ha roto. Me quedan buenos los riñones.
¿Cómo hace para decir siempre lo que una mujer quiere escuchar?
Es un concepto muy simple que se denomina “resonancia de ideas”. Uno puede escuchar o leer muchas cosas, pero cuando de repente encontramos algo que coincide con lo que nosotros pensamos, muchas veces expresado más claro que nuestra propia representación; estallamos de alegría. Esto se produce porque nos asombramos de lo fácil que nos resultó entender esa idea o ese concepto. En realidad es así porque ya era nuestro, aunque débil y subliminalmente.
Así, si le digo “linda” a Usted, que es una verdadera preciosura, o a la hermana del Chuleta, que se cree bella; va a funcionar. Por el contrario, si se lo digo a la hermosa Noemí, que se quiere menos que el alambre de púa, la perturbaría y lo tomaría muy mal.
Alcoyana, sabemos que no cobra por las entrevistas. De todos modos le aviso que el productor ya depositó 3 cajas de vino en el Alas Balcarceñas.
Muchas Gracias, usted es hermosamente generosa.
¿Alguna vez aceptó un regalo importante de una dama?
Si, en una oportunidad una admiradora me obsequió una tirada de 1000 ejemplares de “Canción de cuna para adultos”.
¿Qué suceso tuvo?
Bueno, ya le dije, los 1000 ejemplares se editaron pero se tiraron todos; creo que en el basurero municipal. Jamás dejaría un poema mío en una librería, lugar donde la gente va a buscar poemas. Si alguien se encontró con un poema que fue tirado a la basura es algo especial, es decir se encontraron y por alguna razón cósmica ocurrió así; ese poema era para esa persona.
Un aberrante contra-ejemplo de esto es la publicidad, donde nos presentan que una infinidad de productos son apropiados para cualquier persona del mundo. Paso a desnudar esta falacia por el absurdo.
Supongamos por un instante que existe un producto que es bueno para cualquier persona del universo. Este producto será útil y/o atractivo para el usurero balcarceño Pedro T. Garchau; quien, lamentablemente, es una persona del universo. Nada que pueda agradarle a este individuo puede gustarme a mi, Alcoyana: otra persona de este universo. Si a esto le agregamos que la publicidad además esconde malas intenciones, podemos concluir que la misma es falaz y peor aun; puede llevarnos a tomar malas decisiones. Que le vendan esos ridículos masajeadores eléctricos a los de traje. Yo prefiero a la Vasca!
Alcoyana, no se vaya de tema y hábleme de mujeres. ¿Conoció a Olga?
Si, la conocí. Tuve esa suerte y esa desgracia; tuve esa alegría y esa tristeza.
Me parece, ¿o era algo complicada?
Olga no era complicada sino compleja, que no es lo mismo. Era la complejidad hecha mujer. Podía parecer sólo una niña grande, pero debajo había otra mujer y otra y otra, como pequeños mundos anidados pero conectados entre sí. ¿Me entiende?
No.
Le explico mejor. Cualquier papanata sabe -o dice- que una mujer puede contener un mundo en su interior. Eso es cierto, pero Olga era otra cosa; ella contenía infinitos mundos y todos al mismo tiempo. Así, podía amar como niña, con ira de anciana y ansiedad de adolescente. Al rato estaba creando con obsesión de bordadora y energía de guerrillera. También se deprimía con profundidad de poetisa, desolación de viejita y esperanza de demente.
¿Se le conocieron parejas?
Todos lo intentamos, pero nadie pudo con ella. Era necesario ser muchos hombres al mismo tiempo y más aun: los adecuados para cada instante. Yo apenas puedo ser Alcoyana y por un rato.
Conocerla era algo así como desactivar una rosa explosiva. Al irla conociendo en intimidad creciente -al deshojarla- cada capa que se descubría ante nosotros era cada vez más interesante, más impactante, más deslumbrante; pero en algún momento no hacíamos lo apropiado y estallaba. Le explico; si en alguna oportunidad había llegado al cuarto pétalo, esto no servía de nada para un intento posterior. Con la misma secuencia de limitados Alcoyanas, seguramente no pasaba del primer pétalo, pues Olga ya era otra Olga: una nueva combinación de su infinitud y de mi modesto intento previo.
Alcoyana, ¿Esa mujer era como para perder la cabeza?
No menos de 6 o 7. Llegué a sacarle maíz de la boca al pigmeo de Melo para hacerle pochoclo en la tardecita. Todavía tengo el tatoo que ese desalmado plumífero me hizo en la espalda. Por cierto que esta obra es muy poco interesante, porque el ignorante sólo sabía dibujar la “Y” griega.
Me imagino que Olga era hermosa
Era linda, si, pero hasta ahí nomás, según los objetivos cánones estéticos balcarceños hegemónicos. Deslumbrantemente bella para los subjetos como yo.
¿Falleció jovén?
Según los muy objetivos cánones balcarceños no murió; pero en realidad si. Olga no pudo soportar todo su interior. Un tiempo fue una sola mujer, otro tiempo otra y finalmente decantó en una bella e interesante mujer; pero así como le digo: una sola mujer. Olga partió y antes nos presentó todo aquello que puede ser para finalmente mostrarnos que es imposible. Fue una crueldad pero sin ninguna intención.
¿Sabe Usted cómo encontrarla?
Invierto muchísimo trabajo en no saberlo. Mi tarea diaria es borrar todos los laberintos que me llevan a ella, romper todos los papelitos con su dirección, desoír todos los rumores.
Bueno Alcoyana, le agradezco mucho su charla.
Ha sido un gusto señorita ...
El gusto fue mío turquito, te voy a seguir extrañando toda la vida.
Enrike, 2010.
sábado, 11 de septiembre de 2010
La Resistencia Balcarceña
Enrike, 2010.
sábado, 14 de agosto de 2010
La espera de Garsú
Una tarde de verano, Garsú decidió esperar y se sentó en un banco de la plaza Libertad a esperar. Esperaba y esperaba, implacablemente, de día a día, de noche a noche. Los muchachos no querían molestarlo, pero a medida que la espera continuaba, comenzaron a preocuparse y, haciéndose los distraídos, pasaban caminado o en bicicleta para a ver cómo estaba. El día 33 Marmorato se decidió a hablarle:
-¿Que le pasa Garsú?, ya lleva más de un mes aquí!
-Estoy esperando Marmorato.
-Si Garsú, eso nos dijo el primer día, ¿pero que mierda está esperando?
-Espero amigo, sólo espero. Espero algo, pero no se qué. Digamos que espero la sorpresa. Marmorato, estoy triste. Espero algo que desconozco, porque nada de lo que conozco puede alegrarme.
-Disculpe Garsú, pero la está pifiado. Usted no tiene que estar acá esperando como un pelotudo, Usted tiene que ¡buscar!
-Pero amigo, dado que no se que busco, buscar sólo sería esperar en movimiento; para eso espero quieto; es decir simplemente espero. Esperando espero.
-Insisto, está equivocado. Si busca tiene más posibilidades de encontrar que si sólo espera.
-Déjeme en paz Marmorato. Usted debe ser de los que piensan que corriendo bajo la lluvia se mojan menos que caminando.
-La verdad que nunca me cuestioné ese asunto. Yo siempre camino bajo la lluvia porque me gusta la lluvia y mojarme. Disfruto la lluvia más allá de los cm3 acumulados. Llevado a su problema, sería disfrutar de la búsqueda. ¿Por qué no se pone a buscar con la actitud de disfrutar de la búsqueda?
-Perfecto. Desde ahora voy esperar una búsqueda.
La situación era muy difícil, tanto como ayudar a un deprimido que no cree en Dios ni en el psicoanálisis. Pero el Negro no arruga y va de nuevo:
-Me desespera, Garsú. No se puede esperar una búsqueda. Esperando sólo se ganan arrugas. A ver, cuénteme ¿alguna vez solucionó algo esperando?
Garsú acusó el golpe, se quedó pensando e intentó:
-Le cuento. Estaba en la escuela secundaria, totalmente enamorado de una compañera. Pasé dos años bellísimos, llegando con ganas a la escuela para verla, para descubrir su primera sonrisa del día y su última sonrisa de la mañana; ese era mi objetivo de vida. Toda la mañana me alimentaba de sus esporádicas suaves carcajadas. Por las tardes, salía a caminar por las calles del pueblo para encontrarla de casualidad y cazar esas pequeñas sonrisas de sorpresa que producía al verme. Nunca me animé a hablarle, pero esperé, esperé y finalmente se puso de novio y ya no me angustié más por no poder hablarle. Después esperé otro poco, me fui a estudiar farmacia y logré olvidarla. Ve, esperando solucioné todo.
-¿Solucioné? Garsú, no se si abrazarlo o cagarlo a trompadas. Creo que se de quien habla. Hay una piba, a quien siempre le arreglo la bicicleta, que lleva años andando en bicicleta sin parar, buscando algo que no sabe qué es. Tantos pelotudos cósmicos no puede haber en Balcarce. Venga, vamos a buscarla.
-Ni en pedo, Marmorato. Sólo esperaré en este banco.
Marmorato arranca el banco de plaza con Garsú y todo y lo pone en el medio de la calle. En ese momento pasa una mujer en bicicleta y se lo lleva puesto. Garsú, la dama, la bici y el banco describen un torbellino de cuerpos, metal y mineral. Al detenerse, búsqueda y espera quedan enfrentados. Vuelan nuevas viejas sonrisas. Una suave carcajada inicia el amor.
Enrike 2010.
martes, 13 de julio de 2010
Vitiligo
jueves, 1 de octubre de 2009
La Vieja Vinacha
La medicina en Balcarce: Doña Vinacha
La vieja Vinacha forma parte del conocimiento y del re-conocimiento médico de la hermosa ciudad de Balcarce. Hoy podríamos afirmar que era kinesióloga, osteópata y reflexóloga. En realidad fue la precursora de todo esto y su especialidad era curar el empacho utilizando la técnica de tirar el cuerito. La vieja Vinacha renegaba de prácticas sutiles y desabridas como curar el empacho con un centímetro o el mal de ojo con unas gotitas de aceite. Vinacha era intervensionista, de meter mano, y así lo hacía. Sus célebres manos estrujaban nuestros cuerpecitos de niños balcarceños empachados, pero nos dejaba como nuevos, listos para iniciar todo nuevamente.
Sus manos tiraron cientos de Km2 de cueritos de pibes indigestados. Cómo un alarde y como una muestra de confianza en su método, al despedir al maltrecho niño le obsequiaba caramelos. Éramos niños; el horror y el dolor rápidamente se olvidaban y bien guapos embuchábamos los caramelos.
Hasta el más duro le temía a Doña Vinacha. Por ejemplo, Chuleta Martínez exigía anestesia total para el tratamiento. Dicen que hasta el mismísimo Marmorato llegó a flaquear bajo sus manos y que llegó a prometer no comer más salamines.
A la casa de de doña Vinacha uno caía sin necesidad de avisar. Sin turno, sin orden, sin carné de la prepaga, ni nada. El objetivo allí era simple y claro: curar al enfermo. Sólo hacía falta llevar al indigestado que era atendido al momento y devuelto con su estómago en óptimas condiciones. Si bien el método era 100% efectivo, tenía algunos pequeños efectos adversos como magullones, moretones, etc., pero los mismos desaparecían mucho antes de tener que volver a concurrir por un nuevo empacho.
Al retirarse de la práctica activa, la Vieja Vinacha dejó un hueco en el sistema de salud balcarceño. Por suerte, en seminarios impartidos en cálidas nochebuenas, generó muchas nuevas manos que dominan su técnica. Estas hadas andan por allí, a veces disfrazadas de enfermeras, de amas de casa o panaderas. Es muy fácil encontrarlas; sólo hace falta empacharse.
Enrike, 2009.
lunes, 31 de agosto de 2009
El futuro en el Alas Balcarceñas
Algunos de los muchachos pueden trabajar un día, pero cobran al fin de la jornada y gastan al instante. Cobrar a fin de mes significa acumular trabajo en el haber de un tercero: algo aun más perverso que ahorrar dinero. Los colombófilos reinyectan todo lo que reciben en el sistema económico. No van al supermercado ni a las cadenas comerciales; van al almacén de Vasco, al bar de Moschetto y a la tienda del Turco Taja. Reciben allí mucho más que aquello que compran y dejan mucho más que el importe que pagan.
El ahora dura un rato. Cuando se termina, empezará otro nuevo con toda la magia de lo nuevo, de lo incierto y del volver a empezar. Es necesario comprender esto para entender la actitud de los muchachos. Soguita jamás va a pagar una deuda quinielera a menos que tenga dinero y que le peguen ahora mismo. Si lo van a fajar recién mañana, mañana verá que hace. Para ganar a la quiniela con Soguita hay que acertar el número y hay que encontrar a Soguita con plata. Esta conjunción es verdaderamente difícil de cumplir, digamos imposible y por eso mismo Soguita tiene tantos clientes. A la mayoría de ellos les fía las apuestas y a estos mismos les debe los premios. Los problemas aparecen cuando viene un forastero que no entiende.
Por la corta duración del futuro los muchachos jamás entenderán el ahorro ni la previsión. Ellos mantienen fuerte un niño que los hace felices. Si le damos 10 chocolates a un pibe, se va a comer los 10. No va a guardar siquiera uno para más adelante. Si se empacha y mañana lo llevan a la Vieja Vinacha a tirar el cuerito; se la aguanta, eso sólo tal vez ocurrirá y será mañana.
Los muchachos jamás ahorran, sólo pueden llegar a recolectar lo que tiene cada uno en el bolsillo para comprar un vino o un pedazo de carne para un asadito. Nunca tendrán demasiado ni se lo permitirían. Nunca gastarían mucho en un vino mientras otros no tienen para comer.
Una mala experiencia de los colombóbilos con el futuro fue el caso de Ernesto, alguien especialmente preocupado por lo que vendrá. Ya de chico Ernesto era un pibe ansioso; más ansioso que el común de los niños. Era uno de los pocos niños con reloj, tal vez por su obsesión con el paso del tiempo. Cuando jugaban un picadito, él controlaba el tiempo y cómo no podía esperar al fin del partido para ver el resultado, adelantaba el reloj. Así los encuentros duraban 2 o tres minutos y en general terminaban 0 a 0. Aburridos de esto, sus amigos le quitaron el control del tiempo y comenzaron a jugar a un número determinado de goles, digamos al que llegaba primero a 7. Ansioso Ernesto por conocer el fin del partido solía cometer muchos goles en contra que le costaron una que otra paliza. Así se transformó en un habilidoso delantero capaz de marcar 7 goles en 3 minutos.
Ernesto no podía esperar al futuro para ver cómo sería de adulto y creció muy rápido, convirtiéndose en un ansioso adulto. No podía esperar al tiempo para ver como sería de viejo, y envejeció. Comprendió ahí su error, pero ya era tarde y murió intentando retrasar el futuro. Los muchachos no pudieron ayudar a Ernesto, pero esa no fue la única ni la última de sus disputas con el futuro.
Algunos recordarán cuando el Dr. Ulises Garsú se pasaba la “vida” atendiendo su farmacia las 24 horas del día. Lo hacía para ganar dinero, que reinvertía en la farmacia para ganar más dinero y así mejorar aun más su farmacia.
La farmacia Garsú era el único lugar abierto en la noche Balcarceña. En las madrugadas, el Turco Alcoyana solía pasar por allí a charlar con Garsú mientras se tomaban algunas copitas de una solución que el farmacéutico preparaba con alcohol fino y pastillas de eucalipto al 1% (1% de eucalipto). Una fría noche de Agosto, la ocasión dio para una charla personal:
-¿Qué pasa Garsú, que usted está siempre triste?. Se acuerda cuando éramos pibes y jugábamos en la calle en patas, usted era un pibe feliz como todos nosotros, ¿por qué no lo intenta de nuevo?
-Sabe que pasa Alcoyana, ya no creo que pueda, tengo una rodilla jodida y callos plantales. ¡Encima esa calle ahora está pavimentada!
-Me alegra Garsú que conserve el humor, ¡pero no se haga el pelotudo! ¿Que hace todo el día y la noche aquí adentro? ¿Para qué quiere más plata?
-Amigo Alcoyana, a mi no me interesa el dinero, ¡sólo me interesa la farmacia! Además, vivo con muy poco.
-Entonces es más fácil de lo que pensaba. Garsú, usted tiene el niño intacto, sólo que juega siempre con un mismo juguete que entiende y sabe usar bien. Hoy sabe cómo va ser mañana y no quiere experimentar con nada más por miedo. Le aseguro que nada peor que este estado alienado puede ocurrirle y no hay límite para lo bueno: ¡maravillosas experiencias pueden suceder!
-Alcoyana, es posible que lo que usted dice sea verdad, pero no sé, ya llevo mucho tiempo así.
-Como decía el Viejo Godel, hay verdades que no pueden demostrarse y mentiras que no pueden descubrirse. ¡Tome lo que más le guste!
El Dr. Garsú se quedó unos instantes pensando en silencio. En silencio abrazó a su amigo Alcoyana y juntos abandonaron la farmacia que nunca más funcionó; despertaron al cantinero Farias para que les abriera el “Alas Balcarceñas” y jugaron metegol el resto de la noche. Así Garsú volvió a ser uno de los muchachos del Alas; rescatado de un futuro cierto, posado en un presente para vivir.
Enrike, 2009
domingo, 23 de agosto de 2009
Olimpíadas en el "Alas Balcarceñas"
1. Captura del chancho enjabonado.
Se eligió un chanchito rápido y ágil que fue prolijamente engrasado con margarina, aceite de girasol y grasa de litio. La suelta se realizó a las 19:00 en la vereda del “Alas Balcarceñas”. El porcino salió disparado como un cuete por las calles del barrio, perseguido por hordas de niños, de jóvenes y de ancianos. En menos de 10 minutos, 5 candidatos se presentaron reclamando el premio; cada uno de ellos con su respectivo chancho. Ante esta situación, la Comisión Directiva tomó una solución salomónica: se cortaron los 5 chanchos por la mitad y se pusieron al asador. Cada uno de los ganadores se hizo acreedor de una tarjeta para asistir a la cena de cierre sin cargo.
Chuleta Martínez fue descalificado por conducta antideportiva al presentarse con dos pollos reclamando el premio. Las aves fueron aceptadas para engrosar la cena.
2. Maratón.
Esta prueba se desarrolló en forma clásica, iniciando en la colombófila, siguiendo hasta el canal, regresando por calle 40 hacia Uriburu, Plaza Libertad y meta en la sede del club. Hubo sospechas de muchos actos no-éticos, pero como los organizadores no pudieron fiscalizar todo el recorrido, otorgaron el premio al atleta que les pareció más cansado. Ganó el Mirlo que ese día se había levantado a las 11:30.
3. Palo enjabonado.
Se instaló un poste de eucalipto y en su extremo superior se colocó un sobre con una tarjeta donde se consignaba un premio sorpresa.
La estrategia de esta disciplina es sumamente compleja y estresante. Por un lado conviene esperar que pasen varios participantes, para que el paso de éstos reduzca el nivel de jabón sobre el palo; pero hay que estar muy atento a que ningún talentoso intente la trepada. Si éste toma el sobre, el juego concluye y perderemos sin haberlo siquiera intentado: nada más frustrante para un deportista.
A los muchachos se les había ido la mano con el jabón y parecía imposible llegar a la cima. Pasaron 315 participantes y nadie logró tomar el sobre. Marmorato, conocedor de la composición de los presentes advirtió el problema: un premio sorpresa en un sobre era una desabrida abstracción. Nada menos atractivo que una abstracción; nada menos motivador que el 3, el 15, la tabla del 14 o una novia por carta.
Marmorato subió al techo de la sede y desde allí instaló en la punta del palo una botella de vino 3/4 con dos salamines atados en el pico. Soguita, que hasta ese momento se había mantenido al margen de la competencia, se abrió paso entre la multitud y poseído por una vitalidad nunca antes vista en él, en 3.12 segundos estaba nuevamente pies en tierra con el premio en sus manos. El Dr. Garsú lo atendió al observar que su estado de excitación que no decaía, pero rápidamente logró aplacarlo entregándole el sacacorchos.
4. Carrera de palomas.
El deporte suele exigir un desgaste físico importante y por eso los muchachos del Alas lo alternaban con carreras de palomas o de sapos donde el desgaste es ajeno. Como cierre de la serie de competencias se realizó una carrera de palomas sobre el itinerario Quequén-Balcarce y se instituyó el premio “Pedro Palomo Flash”, en honor a un celebre atleta del palomar de Chuleta Martínez, hoy retirado de las competencias y dedicado a sus tareas de semental.
La suelta se realizó en la estación de Quequén a las 16 hs. Una hora después se divisa en el cielo la imponente silueta de Elba, la más pulposa paloma de Nigro, pero no ingresa al palomar. Su dueño, desesperado, sube al techo e intenta capturarla para extraerle el anillo pero no lo consigue. La competencia fue ganada por Pipo, un joven palomo de Martinez.
5. Cena de cierre.
Los actos culminaron con una cena. La entrada fue un salpicón de ave conformado por los pollos de Chuleta y las pechugas de Elba. Continuaron con vino, lechón, vino, ciruelas, vino, pastelitos, vino y aplausos. Aplausos porque el Turco Alcoyana sube al escenario:
-Estimados amigos. Es una gran alegría para mí que ustedes estén alegres. Y aun más alegría me da ver que ustedes están alegres por mi alegría. Nuestras alegrías se sostienen una con la otra y ahí esta la fuerza. Es mi deber y mi compromiso; es vuestro deber y vuestro compromiso mantenerse alegres. …. Gracias….y Alegría!
Enrike 2009.
jueves, 23 de octubre de 2008
Entrevista a Alcoyana
Sección Literaria
Entrevista al Poeta Alcoyana.
Volvimos a la bellísima ciudad de Balcarce, esta vez para entrevistar al turco Alcoyana, un importante poeta balcarceño. Concertamos la entrevista en un bar céntrico. Alcoyana llegó puntual, saludó, pidió un café que bebió en silencio de a cortos sorbos, mirando la hermosa Plaza Libertad a través de la ventana. Mientras, mi mente trabajaba frenéticamente intentando entender la situación. -Seguramente está creando algún poema; no sé si molestarlo para ingresarlo a mi entrevista o simplemente huir. Finalmente intento comenzar el diálogo. Creo que valió la pena.
¿Otro café Alcoyana?
No, sigamos con el mismo que está rico.
¿Es así con todo Alcoyana? Tengo entendido que es medio picaflor, es decir de cambiar.
Está totalmente equivocado. A mí siempre me gusta la misma mujer y jamás cambiaría. Estaría toda mi vida con la misma mujer, pero sucede que las mujeres cambian y mis gustos son siempre los mismos. Cualquiera sabe que la novia de los primeros meses difiere significativamente de la esposa con 10 años de casados, pero bueno, este es un ejemplo extremo para que usted entienda.
Como le decía, yo trato de estar siempre con la misma mujer. A veces la encuentro, pero luego de un tiempo la dama cambia y comienzo a buscarla en otras mujeres. Mi búsqueda es tan incesante como inexorable es el cambio en las mujeres.
¿Ha sido usted infiel?
Jamás. Recién intenté explicarle, yo siempre he estado con la misma mujer, a la cual he encontrado en distintos cuerpos. Si me interesa conocer a cada una de las mujeres. Por ejemplo, mirá la moza, mirá la sonrisa que tiene esa mujer. En realidad me desespero por conocerla, por saber que piensa, que le gusta, como fue su infancia, sus sueños, es decir todo aquello que bien revuelto llegó a producir esa sonrisa. Pero claro, estos deseos son muy difíciles de cumplir. Si la abordara, ella pensaría que otras son mis intenciones y podrían ocurrir dos cosas: que me eche a patadas o que, convencida que mis intenciones son otras, me invite a su casa. En ninguno de estos casos podré conocerla realmente. Eso no es del todo malo.
Sigamos hablando de mujeres, ¿Qué opinión tiene de las mujeres balcarceñas?
La mejor. Usted lo ve, las balcarceñas son bellas más allá de su belleza. Mire la moza, sus gestos la hacen bella por completo. Un forastero sólo diría que es gorda.
¿Las balcarceñas son fieles?
Son mucho mejor que eso: son sinceras.
¿Cuál es su bebida favorita, el mate o el vino?
Bueno, son dos cosas muy distintas, el mate más que una bebida es una ceremonia. El mate es una comunión entre pares. Jamás compartiría un mate con alguien que desprecio y menos aun le cebaría. El mate es horizontal. Por otra parte, el vino, si bien es muy grato compartirlo con amigos es más íntimo. El vino que me inunda es más mío, es como más personal.
Pienso que cada uno tiene también sus lugares, por ejemplo no creo que tome mate en el “Alas Balcarceñas” ¿No?.
Todo lo contrario, en el Alas si se tomaba mate. Sepa usted que esto es realmente extraño para estas instituciones. En general, con el único fin de generar consumiciones, prohíben la tradicional infusión para que los parroquianos consuman bebidas y generen gastos. El mate del Alas se solventaba con algún que otro paquete de yerba que había que conseguir. Además, como usted sabe, allí no existía el dinero así que no había gasto que incrementar.
Usted dijo que en el Alas se “tomaba” mate, ¿Esto ha cambiado?
Por favor, no me haga hablar de eso. El “Alas Balcarceñas” ya no es el “Alas Balcarceñas”, hasta lo han alquilado al “River”. Hace largo tiempo que no piso el lugar, ni la vereda, ni la cuadra.
Me cuesta creer que no vaya más al club al que tanto ama.
No lo crea, en mi dolor logré disociar al “Alas Balcarceñas” de su lugar físico. Con los muchachos logramos llevarnos el Alas con nosotros. Así, un día lo tenemos en la Plaza Libertad, otro día en la bicicletería de Marmorato o en la herrería del “Mago del Martillo”. Creamos una diáspora y nos levamos todos y cada uno de los recuerdos encima.
No se me caiga Alcoyana ¿Otro cafe?
Mejor vayamos al bar de Moschetto y se paga unos vinitos. ¿Cómo es su nombre muchacho?
Ernesto Patusso.
¿Es algo del Patusso que tenía una carnicería en la 7, que falleció hace poco?
Era mi tío. …No somos nada.
No diga eso. Somos bastante más que nada, somos un conjunto de esperanzas esperando la oportunidad y las ganas. Todos sabemos lo que queremos, aunque a veces cómo los niños nos quedamos esperando una sorpresa. Entonces vamos a buscar un imposible y nos instalamos en la plaza a ver si pasa algo: un evento que nos sacuda, que nos regale un objetivo. Ver una mujer que sabemos que ya no está en el pueblo, que ya no vive donde vivía y que posiblemente no nos recuerde o simplemente que caiga una piña del olmo, una señal.
Pero bien, si usted es medio cientificista tal vez le cierre más la postura de mi gran amigo el Dr. Ulises Garsú. El también sostiene que somos mucho más que nada, somos 60% de agua, sales, minerales, huesos, sangre, bilis, hígado, intestinos, fluidos varios….
Ay Alcoyana, me doy asco.
Disculpe, si sabía que era impresionable no le hacía una descripción tan detallada.
No, me doy asco porque mi tío me hizo un montón de favores y no fui al velorio. ¡Ni un gladiolo le mandé!
Bueno muchacho, no se ponga así. Ya pasó, el tio está muerto y usted está vivo. Tómese un trago y hablemos de otra cosa. Dígame, ¿Cómo se imagina la vida de la moza del café donde estuvimos? ¿Qué hace cuando llega a su casa, cuando ya no es moza sino Claudia?. Cuando vuelve a ser madre, hermana, amiga o vecina. Cuando se saca los zapatos y se prepara un mate. ¿o tomará té?.
Me interesa la idea. ¿Entonces usted sostiene que el trabajo divide la vida de la gente como una especie de esquizofrenia?
Me ha interpretado perfectamente. Exactamente eso pienso yo y por eso mismo me niego profundamente al trabajo, para que siempre encuentren al mismo Alcoyana.
Sabes pibe, existe una estación que se llama “Fin del día” que pertenece a un tren en el que viajan almaceneros, médicos y contadoras. En esa estación terminan su día laboral y vuelven a ser Pancho, Pepe y Susana. Un día encontré este portal, pero tenía unas cuantas copas encima y no podría precisarte el lugar.
¡Qué Lástima!, ¿Quiere decir que nunca más la pudo hallar?
No, he estado muchas veces más, pero siempre tan tomado como la primera y sin lápiz para anotar.
Por favor cuénteme Alcoyana ¿Qué ha visto allí?
Es muy emocionante. En el tren vienen almaceneros con ropa de almacenero, obreros con ropa de obrero y ejecutivas con ropa de ejecutiva que no se hablan entre sí. Llegan a la estación, se bajan todos y ahí ocurre la metamorfosis.
Se ven cosas maravillosas. Una ejecutiva de trajecito, se saca los zapatos, se suelta el pelo y se encuentra en la estación con su viejita que la espera con un bebé. La ejecutiva, de ahora en más Amalia, se sienta en el banquito ferroviario a amantar a su hijo.
También se ven cosas espantosas. Amables oficinistas que en cuanto se bajan, se vuelven Cacho y fajan a la mujer. Médicas abnegadas, que vueltas Marta no le dan bolilla a su familia. Pero lo más triste es ver aquellas personas que no cambian en la estación, que siguen siendo el doctor Fernández y la licenciada Almenabar. ¡Ojalá exista el cielo para ellos!
Desde que empezamos con el vino su charla se ha enriquecido significativamente. ¿Es cierto que su producción mejora cuanto más vino ha tomado?
Eso es un mito, pero pague por ver: pídase otras copitas. Mejor pídase un pingüino que ahí viene Marmorato. Pida dos por si viene el Mirlo.
Aprovecharé esta ocasión para obtener opinión de sus amigos ¿Qué opina usted Marmorato de Alcoyana?
No opino de Alcoyana porque es mi amigo y eso es el todo. Opino que su pregunta es verdaderamente agresiva.
Es emocionante observar la amistad que los hermana. Usted Alcoyana, ¿Qué opina de sus amigos?
Estimado muchacho, usted es en verdad un suicida. Ya lo ha hecho calentar a Marmorato y ahora va por más. Entienda que explicar lo inexplicable lo degrada. La mejor descripción que pueda yo hacer de mi amigo sería una grotesca caricatura. Puedo si, con la libertad de la poesía, esbozar ideas sobre cosas sublimes como la amistad o sobre cosas tan reales como el vino que se terminó.
Perdone Alcoyana ¿Otro vino?
Gracias pibe, déjenos pago un par de pingüinos más y seguimos en otro momento. Discúlpame, pero con mis amigos acabamos de encontrar de nuevo la estación “Fin del día” y está llegando la moza Claudia. Ha sido un gusto.
Enrike, 2008.
sábado, 14 de junio de 2008
Alcoyana Poesía
Como todos saben, Alcoyana es uno de los mayores poetas balcarceños. Una característica propia de nuestro poeta es que su talento se potencia con la ingesta de vino, siendo éste uno de los motivos por los cuales se lo compara con Omar Khayyiam, el célebre poeta persa. Por esta razón, es habitual que los amantes de la poesía le paguen vueltas y vueltas al Turco para obtener cada vez mejor y mejor poesía. Lamentablemente, la calidad de la poesía no crece indefinidamente, sino que este proceso se detiene cuando Alcoyana cae desmayado. De todos modos, para cuando esto ocurre, el poeta ya ha producido excelentes versos. Por un lado, aun estando sobrio produce muy buena poesía y por otro, el Turco no se cae con dos copitas.
Alcoyana agradece tanto las copas como a su contenido, que le permite elevar su creatividad. Esto lo demuestra con claridad en su poema “Gracias San Vino” que aquí mismo se transcribe:
Gracias San Vino
Alcoyana recibió el don del talento poético, pero solidario como pocos, lo comparte entre todos los necesitados de poesía, es decir con todo el mundo. En una ocasión, su amigo Chuleta Martinez le pidió si no podía prepararle un poema para que su esposa lo dejara ingresar de nuevo a su vivienda. Toda una tarde estuvo Alcoyana preparando la obra, para que fuera emotiva, efectiva, pero que al mismo tiempo pudiera parecer escrita por Chuleta, quien tiene fuertes limitaciones literarias. Luego de arduo trabajo resultó:
Hoy, mi sentimiento supera a mi expresión.
Como quiero que te llegue puro e intacto,
Espero que lo adviertas,
De más está contarles que el poema funcionó muy bien y esa noche Chuleta pudo abandonar el palomar para volver a pernoctar en su casa. Utilidades de la poesía.
Enrike 2008.
domingo, 27 de abril de 2008
Manifiesto por la Suciedad
En el mostrador siempre había marcas de vasos apoyados. Marmorato dejaba una marca en forma de un círculo exacto, pues, con precisión bicicletera, apoyaba una y otra vez el vaso en la misma posición. Por otra parte, Soguita, portador de un pulso menos firme, dejaba una marca borrosa e irregular. Así, cualquiera que llegara, con sólo observar el mostrador ya sabía quien había estado y mucho más. Por ejemplo, si Marmorato agregaba una medialuna a la derecha de su círculo perfecto, significaba que iba a regresar a la nochecita. Si Soguita dejaba varias marcas en línea significaba que no iba a aparecer por varios días, seguramente por alguna deuda quinielera. Si el Mirlo dejaba dos marcas significaba que volvía a tomarse otra copa. Si dejaba una sola era un error, porque siempre volvía a tomarse otra copa.
Digamos que así como algunos pueden predecir el futuro a través de la borra del café o del inodoro, los colombófilos eran expertos leyendo la suciedad. Pero Sosa estaba empeñado en instaurar la limpieza extrema, desterrando, entre otras sublimes cosas, el uso de este complejo código. A cambio, ofrecía a los muchachos absurdos anotadores y hasta ridículas pizarras: Sosa no sabía con quienes trataba. Los muchachos del Alas son insobornables porque no tienen ambición: tienen todo lo que necesitan y lucen felices. Son la diversidad, pero al mismo tiempo el uno. Además, nada los moviliza más que un adversario a su medida.
Sosa se aprovechó de una mañana de domingo para valdear todo el club y limpiar desde los vasos hasta el metegol! Cuando llegaron los muchachos por la tarde, desconocían el lugar. El olor a lavandina, la falta de polvo y de grasa les irritaba el alma. El turco Alcoyana fue presuroso al rincón derecho donde por décadas dejó en el piso sus anotaciones con poemas inconclusos. No encontró allí más que limpieza y allí mismo se quedó sollozando como un niño en penitencia. Por un fatal instante sus poemas fueron confundidos con papeles roñosos y transformados en nada. Marmorato lo contiene en un abrazo y por sobre el hombro del Turco grita a Sosa:
-¡Mire lo que ha hecho, ha destruido la cultura del club! ¡Usted hubiera tirado la piedra Rosseta porque estaba sucia y cachada!
-Bueno Marmorato, puede ser que haya cometido un error con los poemas, pero otras cosas son incuestionables. Por ejemplo, aun había vino seco sobre la mesita de truco desde el día que usted rompió la pata hace dos años, cuando apoyó el ancho de espada ganando “vale cuatro” y partido!
Marmorato clavó la vista en el cantinero y luego la dirigió lentamente hacia la mesita comprobando que su huella ya no estaba. Arrastrando los pies se dirigió al rincón para llorar con su amigo Alcoyana. En ese momento ingresó el Mirlo.
-Amigo cantinero, como puede ser que haya atacado de esta manera los recuerdos de esta gente. ¡Que somos sin nuestros recuerdos! Si sólo fuera lo que hice hoy sería nada. Si sólo fuera lo que seré también, porque sería la misma nada si no pudiera acumular recuerdos. Usted bien sabe que cero mas cero es cero. Por lo que fui es que tengo estos amigos que me respetan por nuestras innumerables y justas hazañas. Al terminar esta frase el Mirlo casi inconscientemente lleva la mirada hacia la pared lateral que está totalmente limpia. Algo que él allí atesoraba ha sido devorado por la insaciable limpieza. Desencajado, ataca nuevamente al cantinero:
-Dígame Sosa, que ha hecho con la silueta que estaba grabada en esa, en “esa” pared. -Cuestiona el Mirlo apuntando con el dedo y con su voz algo quebrada.
-Si, bien que me costó sacar esa mancha de grasa!
-Eso, a lo que usted llama “mancha de grasa” era la evocación permanente del día que apareció uno de “El Riojano”. Nunca supimos a que vino, pero al tipo se le ocurrió pedir un coñac. Instantáneamente Farias, que entonces era el cantinero, y yo le asestamos sendas empanadas en el rostro desde una distancia de 5.27 metros. Las empanadas eran algo ricas en grasas y por eso la silueta del agresor quedó fielmente dibujada en la pared, en “esa” pared. Cuenta el Mirlo, ya llorando.
En el rostro de Sosa comienza a brotar la duda. –Discúlpeme Mirlo, pero ¿cómo podría yo saber que esa mancha de grasa escondía esta historia? Además, aprovecho esta conversación para criticarles esa actitud vuestra para con los extraños. No se dan cuenta que así como no viene gente extraña aquí, tampoco pueden ustedes ir a ningún otro club?
–No lo necesitamos. Además, el problema no es que fuera de “El Riojano”, a quienes respetamos; sino sus modos. Venir aquí a pedir un coñac, mostró claramente sus intenciones bélicas. -Alcanzó a decir el Mirlo antes que quebrarse de nuevo en llanto junto a sus amigos.
- ¡Cómo se la dimos a ese roñoso! Rememora Marmorato desde el rincón.
-Ve Marmorato, -aprovecha Sosa- usted mismo está asignando un carácter despectivo a la suciedad.
-Escúcheme Señor Limpieza, no va a comparar los hermosos poemas del Turco a la mugre muda de ese forastero! ¿Qué diferencia a un papel roñoso de un poema de Alcoyana? Pues Alcoyana mismo; si usted no aprecia la poesía de mi amigo, no notará la diferencia.
-No es así, aprecio profundamente la poesía de Alcoyana, pero no queda prolijo dejar esos papeles sucios tirados, por eso le compré este hermoso cuaderno Gloria.
-¡Pero mi amigo! ¡Eso es como ponerle una pollerita de baile al Mirlo!, es imposible que Alcoyana escriba algo sobre papel blanco. Se bloquea, no escuchó hablar del “pánico a la hoja en blanco”. ¡Déme ese cuadernito! Gritó el Negro y con furia refregó una rodaja de salamín por todas las hojas para finalmente entregarle el cuadernito a Alcoyana que no paraba de llorar.
El cuadro era verdaderamente desolador. ¡Nada más espantoso que ver hombres tan duros llorando en un rincón! La duda maduró en Sosa que ofreció un trato justo:
Se estipuló una línea divisoria a partir de la mitad del mostrador que quedo como territorio compartido. A partir de allí Sosa tenía domino total de la cocina, medio mostrador y todos los espacios por detrás de éste. Los muchachos conservaron sus espacios y rápidamente comenzaron a generar nuevos recuerdos, es decir una cuidada suciedad.
Cómo habrán sospechado, el llanto colombófilo fue toda una actuación. Los muchachos son malísimos con los malos y buenísimos con los buenos. Capaces de sacarles el sánguche al más guapo de la fiesta para dárselo a un cuzquito abandonado. Los muchachos pueden ser más duros que el más duro, pero sabían que Sosa además de guapo es firme y tozudo y que por ahí la cosa no iba a andar. También sabían que es muy buen tipo y por eso le buscaron por abajo.
Como marcando un hito con esta lucha y victoria intelectual, los muchachos ordenaron sus ideas y prepararon un manifiesto que se transcribe aquí en forma textual:
Nosotros,El turco Alcoyana, Soguita, Marmorato, Chuleta, el Mirlo y todos aquellos que quieran firmar,
Con el objeto,
De terminar con el ataque constante de la limpieza sobre nuestros recuerdos y costumbres, buscando mantener nuestro propio hábitat como muestra permanente de nuestras historias,Manifestamos:Es importante tomar conciencia que la limpieza debe ser erradicada de nuestras vidas por tratarse de un ente nefasto que ataca los rastros de nuestro paso por este mundo cambiante.
La suciedad admite infinitos matices y por eso permite almacenar información: la mancha del culo del vaso en la mesa, el dibujo sobre la pared, etc, etc.. Las cosas sucias son un álbum de recuerdos para aquellos que las sabemos leer.
La limpieza es mala. De aquí deviene esa obsesión de los asesinos por "limpiar la escena del crimen": la limpieza no muestra más que limpieza, mientras que si hubiera manchas de sangre, arrastrones, etc. sería posible reconstruir lo que pasó y determinar el autor del crimen. La limpieza es criminal.
La limpieza es única, por lo tanto inhibe la originalidad y la individualidad.
La limpieza es “la nada”, es el cero.
La limpieza es demasiado efímera. Apenas se termina de limpiar, todo comienza a ensuciarse.AlertamosQue es importante aclarar la diferencia entre la mugre que funciona como álbum de recuerdos y aquella que es sólo mugre.
Que esta diferencia es imposible de detectar sin la posibilidad de incurrir en un error y dado que uno sólo de estos errores puede tener consecuencias tan catastróficas como la destrucción de un recuerdo,Recomendamos,no eliminar suciedad alguna,
E invitamos
A todos aquellos que lo deseen, a que hagan suyo este Manifiesto.
Este manifiesto está desde entonces, pulcramente enmarcado colgado en la pared derecha del club. Muchos se aprovechan de este manifiesto y de las claras ideas de estos vanguardistas para su propio beneficio. No es el caso de quien relata esta historia, que suscribe a estas ideas con convicción. Algunos dicen que soy un mugriento y un abandonado. También hay quienes entienden.
sábado, 26 de abril de 2008
Canción de cuna para adultos
Muchos adultos se vuelven niños y es normal, pero es muy triste ver niños que se vuelven adultos.
Los que se quedaron en Balcarce, se quedaron completos con su "kit" de infancia y eso los ayuda a mantenerse niños por más tiempo. Se pueden encontrar con los juegos de la Plaza Guemes, con el balancín de la Plaza de la Cruz, con el dinosaurio de El Cruce y hasta se cruzan a menudo con algunos tipos que se parecen mucho a sus amigos de la escuela.
Los que emigraron, sólo se llevan recuerdos y los recuerdos mutan. Si estamos bien son maravillosos y nos ponen mejor aun; pero si andamos mal, se vuelven verdaderamente tristes: los juegos no funcionan, el pasto está crecido y nos pincharon la pelota con la lezna.
Aquellos que se alejaron del pueblo y de sus aguas vigorizantes, están más expuestos a la angustia. Esto, entre otras cosas, los vuelve presa fácil del insomnio y por eso el turco Alcoyana preparó para ellos "Canción de cuna para adultos". Transcribimos aquí algunos párrafos de esta obra:
Duerme viejito, duérmete ya,
aquello que has hecho,
hecho ya está.
Las frustraciones vienen y van,
si estás desvelado,
se quedarán.
Duerme viejito, duérmete ya,
hiciste lo que pudiste
podés descansar.
Este intuitivo trovador sugirió, con la idea de su “canción de cuna para adultos”, una conexión del principio de la vida con su fin. Esto disparó en el gran investigador balcarceño Ulises Garsú, su obsesión por un tema de investigación que le ha llevado toda su vida. Como él bien describió: -La investigación de mi vida es mi vida, el experimento es mi transcurrir y el laboratorio mis lugares. He obtenido buenos resultados, a los cuales denomino “momentos felices” y otros que formaron parte de mi aprendizaje. Nunca obtuve malos resultados ni resultados fallidos.
El tema es la vida. Mientras que muchos apenas viven, el Dr Garsú vive, disfruta, analiza, escribe y explica, para nosotros, para nuestra posteridad y para todos aquellos que lo sobrevivan a quienes pueda ayudar.
Garsú sostiene que la vida es una espiral y que en el camino muchas veces pasamos muy cerca de donde estuvimos. A los bebés les cuesta dormir y a los viejos también. Los primeros usan pañales, los últimos también. Un déjà vu no es otra cosa que espiar en la vuelta de al lado.
Si tuvimos un gran amor, lo vamos a volver a encontrar, pero claro, tanto ella como el amor tendrán unos 20 o 30 años encima. A la inquietante compañerita de la secundaria, la encontraremos en esta vuelta como una cuarentona de mal genio, pero como cada punto se parece a su homólogo; así como no nos prestó atención en la primera tampoco lo hará en la segunda vuelta.
No es justo, pero sólo podemos esperar pequeños cambios en cada giro. Las bifurcaciones son muy escasas y por eso es importante empezar bien: generemos infancias felices si queremos adultos alegres y viejos plenos.
A esta conclusión llego Garsú desde el más férreo positivismo y acuerda con la psicología. Hagámosle caso.
Enrike 2008
viernes, 4 de enero de 2008
El Mago del Martillo
En las inmediaciones del club "Sportivo Balcarce" se encuentra la herrería artística "El Mago del Martillo". Su dueño, Don Gavilán, es verdaderamente un artista y un mago con el martillo, al cual maneja con precisión de cincel. Habitúan este establecimiento personajes varios como el Chuleta Martinez y el Turco Alcoyana; individuos que usufructúan de la charla amena del Mago, así también como de su yerba secada al sol.
Gavilán es capaz de engendrar cualquier elemento férreo valiéndose sólo de fragua, hierro y martillo. Una calurosa mañana balcarceña, el Mago del Martillo estaba en plena faena: sostenía un perfil con el pie, martillaba con la derecha y soldaba con la zurda mientras sostenía la pieza en posición con los dientes. Mientras tanto, Alcoyana intentaba conseguir el más fino hilo de agua visto jamás, para acertarle al mate alejando cada vez más la pava del blanco. De este modo -sostiene Alcoyana- en el camino al reservorio, el agua toma de la esencia del lugar y por ello es importante incrementar este intercambio.
Gavilán, un poco molesto por la asimetría de las actividades, le espeta: -Escúcheme Alcoyana, ¿Cómo puede ser que usted esté siempre perdiendo el tiempo? - Mire -contesta Alcoyana- puede ser que yo pierda el tiempo, pero me parece que aquí nadie lo encuentra. Sin cortar el fino chorrito lo ultimó: -Además, amigo Gavilán, voy a revelarle un secreto: el tiempo murió.
-Permítame disentir en esto Gavilán; el sabor de la infusión no se debe a la técnica utilizada sino a que esta yerba tiene más de una semana de uso; su estado es inexorablemente tenue. Ahora, volviendo a sus dichos previos, advierto en ellos una contradicción, o tal vez -con un poco más de suerte- una paradoja: Usted dice que yo pierdo el tiempo, pero a mi me sobra; mientras que usted, que declara aprovecharlo, jamás tiene un minuto. Siéntese tranquilo Gavilán, vamos a tomar unos mates a ver que asalta nuestra mente.
-Gracias Turco, pero tengo que entregar 14 rejas para mañana y recién voy por la segunda.
-Es una lástima Gavilán que el tiempo no se pueda transferir. A mi me sobra, pero aunque se pudiera, jamás le cedería ni un poco para que confeccione esas rejas. Gustoso si le daría todo el que poseo para que termine la escultura de los angelitos, para la cual Ud. nunca tiene tiempo.
El Mago se quedó un instante pensando en silencio y arrancó: -Tiene razón Alcoyana, tome, compre un paquete de yerba 0 Km que yo hoy me voy a dedicar a terminar los angelitos.
-Vamos todavía, vuelve el Mago del Martillo!!! No sabe la alegría que me dá. Yo, que lo he visto con un cacho de fierro mudo, bigornia y martillo engendrar cosas sublimes como "Diosa terrenal", "Mariposa Boreal" y "Calesita de la Plaza Guemes", me revuelve el estómago verlo fabricar estas absurdas rejas.
A lo largo de ese día Gavilán termina "Los Angelitos". La obra resultó verdaderamente bella y conmovedora, pero tanto el Mago como Alcoyana se quedaron como vacíos, contemplando la obra terminada luego de tanto tiempo en proceso. "Los Angelitos" eran eternos hasta que el Mago los terminó. La vida de la obra era el mientras tanto, el inconcluso, la incertidumbre del estado final. Hoy ya es lo que será, y no queda lugar para la imaginación. El artista no se permitió esta pérdida y sin dudar, con fragua y martillo convirtió a los angelitos en un cúmulo de hierro con posibilidad de ser todo o ser nada: con posibilidad de ser.
A partir de este día, los muchachos prometieron no terminar nada de lo que empiezan. Muchas veces deben soportar agobiantes presiones de sus mujeres y clientes, pero estoicamente cumplen con esta promesa.
Enrike 2008.